La situación en Chaco se vuelve cada vez más difícil tras dos semanas de intensas tormentas que dejaron calles anegadas, viviendas inundadas y barrios prácticamente aislados. En la provincia ya se contabilizan más de 1.000 evacuados, mientras numerosas familias intentan sobrellevar la emergencia en condiciones precarias.

Uno de los lugares más afectados es Barranqueras, localidad ubicada a unos 25 minutos de Resistencia. Allí, el avance del agua dificulta la circulación y, en algunos sectores, los vecinos solo pueden desplazarse en canoas de madera o lanchas con motor. En medio de este escenario, muchos se resisten a abandonar sus hogares por temor a sufrir robos.

Algunas familias permanecen durante el día en las partes más altas de sus viviendas y organizan turnos para cuidar sus pertenencias durante la noche. Mientras tanto, la ayuda solidaria llega con donaciones de alimentos y ropa, aunque las necesidades siguen siendo numerosas.

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Según describió un periodista que recorrió la zona, hay vecinos que llevan más de 15 días alimentándose principalmente de guiso y torta frita. En algunos casos, recurren a la pesca para sumar algo de comida a sus mesas.

La desesperación de una familia por conseguir un baño

Entre las historias que reflejan las dificultades que atraviesan los habitantes está la de Ayelén, una joven que intenta cuidar a sus padres y a sus hijos en medio de la inundación.

Su padre es un jubilado con discapacidad que padece una úlcera en un pie y tiene dificultades para caminar. La distancia hasta los baños químicos instalados por las autoridades representa un obstáculo que no puede superar debido a su estado de salud.

Por eso, Ayelén solicitó que le facilitaran un baño químico para su vivienda. Sin embargo, según denunció, desde el Municipio le respondieron que debía alquilarlo por su cuenta.

“Me dijeron que cobran $100.000 por día”, relató al contar cuánto cuesta acceder a ese servicio.

La situación también golpea a su hermano, cuya casa quedó bajo aproximadamente un metro y medio de agua. Para poder ingresar, tuvo que improvisar una tarima con palets.

Animales sin alimento y vecinos que buscan sobrevivir

La emergencia también afecta a quienes tienen animales. Caballos, cabras, cerdos, gallinas, perros y gatos buscan refugio en los pocos espacios de tierra firme que todavía quedan disponibles.

En ese contexto, el periodista Ferraro describió una realidad marcada por la necesidad: “La gente aprovecha cuando ve animales que pueden ser su cena. No es algo morboso, es lo que pasa. Marca la precariedad en la cual están viviendo”.

Otro de los testimonios es el de Gabriel, un vecino de Barranqueras que improvisó una tarima para que su esposa y sus dos hijos puedan permanecer en un sector seco de la vivienda mientras él sale a trabajar y cuidar a sus animales.

El hombre tiene nueve caballos, una vaca y otros animales. Para protegerlos, pasa las noches en el terraplén conocido como el dique, donde también se encuentran otros vecinos que intentan resguardar a sus animales de la inundación.

Gabriel contó que acudió al Municipio para solicitar alfalfa para alimentar a sus caballos, pero aseguró que no recibió la ayuda que necesitaba. Según su relato, le indicaron que la asistencia estaba destinada a quienes tenían uno o dos caballos.

“En ningún momento apareció nadie. Nosotros nos estamos arreglando con nuestras cosas”, sostuvo.

Por eso, pidió que se consiga alfalfa o maíz tanto para sus animales como para los de otros vecinos que permanecen en el terraplén.

Mientras las aguas continúan condicionando la vida cotidiana, las historias de Ayelén, Gabriel y tantas otras familias muestran el impacto de una emergencia que no solo afecta las viviendas, sino también el acceso a alimentos, la atención de personas vulnerables y el cuidado de los animales.