Un caso de abuso y manipulación sacude a la comunidad de Laferrere. La fiscal Lorena Pecorelli solicitó la prisión preventiva para Esteban Martín Oviedo, alias "Pecas", un pastor evangélico de 47 años acusado de acosar y abusar sexualmente de una adolescente de 15 años que asistía a su congregación.
Los chats del horror
La investigación, iniciada por la ayudante fiscal Daniela Sánchez, comenzó cuando la madre de la víctima notó comportamientos extraños en su hija y decidió revisar su teléfono. Lo que encontró fue una serie de mensajes aberrantes por WhatsApp y Facebook que desnudaron la maniobra de grooming.
"Mandame una foto cuando puedas", "Te amo", "Te extraño", eran frases recurrentes del pastor. Sin embargo, su obsesión quedó plasmada en una frase que hoy es prueba clave en el expediente: “Si yo tuviera 18, te pediría que seas mi novia”. La respuesta de la menor, presa de la manipulación pero consciente de la realidad, fue tajante: "No, usted está casado con la mujer más hermosa del mundo y la tiene que respetar".
Lamentablemente, el acoso no quedó en la virtualidad. Según la acusación de la fiscalía especializada en Ciberpedofilia y Grooming de La Matanza, Oviedo habría concretado el abuso sexual dentro de la propia iglesia ubicada en la calle Rosas. La investigación determinó que los ataques ocurrían en un cuarto privado detrás del telón del templo, una suerte de "camarín" exclusivo del pastor.
Un depredador reincidente
El perfil de Oviedo es el de un manipulador serial. No solo se ganó la confianza de la niña invitándola al culto, sino que se infiltró en su familia ofreciéndose a ayudar al padre con tareas de mantenimiento en la casa.
El dato más alarmante que maneja el juez Rubén Occhipinti es el prontuario del acusado: Oviedo ya había sido condenado años atrás a tres años de prisión en suspenso por haber abusado de otra menor de edad que también formaba parte de su feligresía.
"Temor y culpa"
La víctima fue entrevistada por psicólogas del Centro de Asistencia a la Víctima, quienes validaron su testimonio describiéndolo como "fluido, espontáneo y detallado". El informe pericial destaca la asimetría de poder: la culpa le impedía a la menor reconocer el abuso, ya que el victimario era su guía espiritual. Las secuelas emocionales descritas incluyen "temor, desconcierto y ansiedad", afectando su vida escolar y social.