Un estudio realizado por la plataforma de citas Gleeden determinó que la Argentina es el país con mayor índice de infidelidad en Latinoamérica. Según el relevamiento, un 27% de los usuarios argentinos admitió haber engañado a su pareja en algún momento. La investigación fue elaborada junto a la consultora Dive Marketing y contó con la participación de 1.700 personas de Argentina, México, Brasil y Colombia.
Mientras en otros países comenzó a instalarse un interés creciente por relaciones más tradicionales, en Argentina el 78% de los encuestados aseguró que desearía vivir un vínculo abierto. El resto indicó que también lo haría, aunque sin hacerlo público.
A pesar de la frecuencia con la que ocurren estos vínculos, la figura del “amante” sigue cargada de estigmas y prejuicios. Para la sexóloga Laura Enríquez (MN 24.918), el término ya no refleja la complejidad actual: “Hoy es más representativo hablar de relaciones paralelas, porque describe lo que sucede sin emitir juicios”.
A continuación, tres experiencias reales que muestran cómo se construyen —y se desmoronan— estos vínculos por fuera de la pareja formal.
“Me lo encontré frente a su esposa y sus hijos, y me ignoró por completo”
Tatiana recuerda que todo comenzó con intercambios intensos pero discontinuos, una dinámica frecuente en este tipo de relaciones. De joven, arrastraba heridas emocionales por la ausencia de su padre, que murió cuando ella era chica. “Buscaba afecto desde ese vacío”, explica.
Conoció al hombre en un grupo de ciclismo. Él fue amable desde el principio: la llenaba de gestos, regalos y atención. Su vínculo creció rápido. Aunque él convivía con otra persona, aseguraba que no eran pareja. Con el tiempo, ella empezó a involucrarse emocionalmente más de lo esperado.
Cuando Tatiana le planteó que debía separarse, él prometió hacerlo tras unas vacaciones familiares. Al volver, sostuvo que ya estaba separado. Pero era falso: un familiar de Tatiana descubrió que su vida en redes mostraba una familia consolidada.
A pesar del engaño, siguieron viéndose. Hasta que un día ella lo cruzó cara a cara junto a su esposa e hijos. Él la ignoró, incluso cuando los chicos lo llamaron por su nombre. Esa noche le pidió que devolviera la llave de su casa. Fue el final.
“Si estás en un vínculo así, revisá lo que buscás y lo que necesitás sanar. Hoy no repetiría esa historia”, reflexiona ella.
“Me apuntaron con un arma, perdí mi trabajo… y aun así digo que volvería a ser infiel”
La historia de José muestra otro patrón común: encuentros centrados exclusivamente en la pasión, sin mensajes ni planificación, aislados en un tiempo y espacio puntual.
Trabajaba como repartidor y ella era dueña de un local junto a su marido. Durante los meses en que él se ausentaba, la mujer comenzó a acercarse a José y finalmente iniciaron un vínculo secreto que se reducía a encuentros dentro del comercio cuando ella cerraba el local.
José pensó que todo estaba bajo control, hasta que descubrió que el marido había instalado cámaras y micrófonos. Un día recibió mensajes extraños desde la cuenta de ella y luego una llamada del propio esposo.
Al regresar al negocio, el hombre lo estaba esperando armado. “Me apuntó y me dijo que no me mataba porque tenía hijos, pero que no quería verme nunca más”, recuerda. El jefe de José se enteró y lo despidió. Después recibió amenazas, fotos de su casa y de su familia, hasta que el hostigamiento finalmente cesó.
A pesar de todo, José asegura que volvería a ser infiel. “Pero sin dejar rastros —dice—. Y entendiendo que si buscás amor, ese no es el camino”.
“Elegí ser la otra. Hoy sé que no lo volvería a hacer”
Paola vivió una relación paralela completamente distinta: era abogada en una causa judicial y él, un periodista involucrado en el expediente. La conexión fue inmediata y pronto comenzaron a verse solo en hoteles, siempre con el tiempo contado.
“Era divertido, nuevo, y no buscaba nada serio”, relata. Se encontraban una o dos veces por semana, siempre con la excusa del trabajo. Con los meses, la falta de continuidad emocional empezó a afectarla. “En esas horas todo era perfecto, pero después me quedaba un vacío enorme.”
La esposa del hombre nunca descubrió la relación. Ellos dejaron de verse cuando uno de los dos comenzó a involucrarse más de lo pactado. “Cuando no te eligen, duele. Por más que creas que tenés todo bajo control.”
Qué explican los especialistas
Las relaciones paralelas suelen formarse en contextos ambiguos, sin reglas claras y con alto grado de idealización. Según Enríquez, suelen fallar porque se apoyan en expectativas intensas pero inestables: “Tienen mucha pasión, pero una estructura frágil para sostenerse en el tiempo”.
Además, suele aparecer un mecanismo emocional conocido como focalización afectiva, en el que la persona se concentra solo en el vínculo paralelo y deja de lado cualquier consideración hacia la pareja del otro.
Repetir este tipo de dinámicas no es casual: responde a patrones emocionales que se sienten familiares, como la intensidad, el secreto, la falta de compromiso total y la posibilidad de evitar la convivencia diaria.