Alberto Rodríguez, reconocido fotógrafo, habló con Nuevo Diario sobre la profunda transformación que vivió la fotografía a lo largo de las décadas y sobre su experiencia profesional en Santiago del Estero, desde los tiempos de la era analógica hasta la actualidad marcada por la tecnología digital, los celulares, los drones y la inteligencia artificial.
Rodríguez recordó que sus inicios se remontan a 1965, cuando la fotografía era un trabajo completamente artesanal.
“Era todo un trabajo manual. Había que trabajar en laboratorio oscuro, con una luz roja muy tenue para que el papel fotográfico no se velara”, explicó.
En aquellos años, los fotógrafos debían preparar ellos mismos los químicos para revelar tanto negativos como copias en papel, siguiendo fórmulas específicas. Ese método se mantuvo prácticamente sin grandes cambios hasta principios de la década del 90.
El desembarco de la era digital
El punto de quiebre llegó entre 1993 y 1994, cuando en la Expo Foto de Buenos Aires se presentó la primera cámara digital, un hecho que marcaría el inicio de una revolución.
Sin embargo, con el paso del tiempo, los fotógrafos comenzaron a adaptarse, trabajando en simultáneo con lo analógico y lo digital. A partir del año 2000, la fotografía digital vivió su gran auge con la aparición de nuevos programas de edición, como Photoshop, que ofrecieron herramientas cada vez más avanzadas.
Celulares, ópticas y cambios en el oficio
Rodríguez destacó que otro gran salto se dio con la llegada de los teléfonos celulares con cámara, que desde hace algunos años comenzaron a desplazar al fotógrafo profesional en eventos pequeños.
“Hoy en cualquier reunión familiar, de veinte personas, veintiuno tiene un celular”, graficó.
Las grandes marcas apostaron fuerte a la calidad, incorporando lentes Leica, históricamente asociadas a la excelencia óptica tanto en cámaras analógicas como digitales.
Este avance tecnológico modificó el trabajo del fotógrafo social: en cumpleaños o reuniones pequeñas, el profesional es cada vez menos convocado, aunque sigue siendo imprescindible en casamientos y fiestas de quince.
“El trabajo del fotógrafo sigue existiendo porque no es solo apuntar y sacar. Es buscar los ángulos y los momentos especiales que queden reflejados en una imagen”, sostuvo.
Inteligencia artificial y drones: el presente y el futuro
Al comenzar 2026, Rodríguez señaló que la inteligencia artificial ya forma parte del trabajo fotográfico.
“Ayuda mucho, por ejemplo, para eliminar cables que cruzan frente a un edificio o una iglesia. No es para hacer travesuras, sino para mejorar la imagen si se la sabe usar bien”, aclaró.
También destacó el uso creciente de drones, que permiten obtener tomas aéreas de gran calidad, una de las incorporaciones más importantes entre 2025 y 2026.
“Cada vez salen drones con cámaras mejores, con los que se pueden lograr imágenes realmente muy buenas”, concluyó.
Con más de seis décadas de experiencia, Alberto Rodríguez es testigo y protagonista de una evolución constante, en la que la tecnología cambia las herramientas, pero no el ojo ni la sensibilidad del fotógrafo profesional.