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El rol de Bitcoin en países con alta inflación

Todos somos conscientes de que la inflación nos afecta en mayor o menor medida siempre, y que hay ciertos países que tienen unas tasas de inflación casi desorbitadas. Como consecuencia, las criptomonedas que por mucho tiempo pasaron desapercibidas pasaron a ser una alternativa segura de cara al futuro. Pero, ¿una alternativa a qué? Te lo iremos contando en este post.

 

¿Qué es la inflación y cómo se calcula?

Antes de pasar a hablar de cómo Bitcoin y la inflación se relacionan, tenemos que entender bien qué es la inflación, por qué es importante y qué afecta. Por definición, la inflación es el incremento continuo y generalizado de los precios de bienes y servicios dentro de una economía durante un período específico, el cual se expresa en porcentaje.

Para calcular dicho porcentaje no existe una única forma, básicamente porque no todas las economías son iguales. Ahora bien, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) es uno de los métodos más comunes de cálculo. El IPC analiza cuánto varía el costo de una “cesta básica” de bienes y servicios consumidos en un hogar promedio en diferentes períodos.

Otros métodos incluyen el Índice de Precios al Productor (IPP), que mide los precios en el nivel mayorista, y la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA), que compara la capacidad de compra entre diferentes países.

Esta alteración en los precios es un fenómeno multicausal, ya que puede ocurrir por un exceso de emisión de dinero por parte de los gobiernos, interrupciones en las cadenas de suministro, aumento en los costos de producción o un desequilibrio entre la oferta y la demanda. Es por ello que cuanto más inestable es la economía de un país, más inflación tendrá. En países como Venezuela o Argentina, la inflación ha alcanzado niveles alarmantes, que han puesto en riesgo la calidad de vida de los habitantes, la estabilidad del gobierno y ha provocado cambios estructurales profundos. Aquí es donde entran las criptomonedas.

 

Evolución y naturaleza de Bitcoin

Bitcoin se creó en 2009 por un individuo o un grupo de personas bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto, y representa una revolución en el concepto de dinero y la transferencia de valor. Es una criptomoneda descentralizada, es decir, funciona de manera independiente, sin estar controlada por gobiernos ni entidades financieras. Su diseño se basa en tecnología blockchain, una red de datos distribuida y transparente que asegura tanto la inmutabilidad como la protección de las transacciones.

Además de todo esto, Bitcoin posee una característica muy específica y, para este caso, muy beneficiosa. Y es que su oferta está limitada a 21 millones de monedas. Un inmenso contraste con las monedas fiduciarias tradicionales que a veces son emitidas en exceso por los bancos centrales, contribuyendo, como hemos dicho, a la inflación. El límite de Bitcoin garantiza una naturaleza deflacionaria, que la protege contra la devaluación. Es decir, es una moneda “inmune” a la devaluación que siempre sufren las monedas tradicionales en casi todas las economías del mundo.

Con el paso de los años, Bitcoin ha evolucionado de ser una especie de “curiosidad” tecnológica a una herramienta reconocida para la preservación de riqueza. Su exponencial creciente aceptación como medio de pago y su reserva de valor la han hecho una alternativa viable frente a las monedas tradicionales. Pero Bitcoin no es la única criptomoneda que ha mostrado un crecimiento casi exponencial. Si miramos el precio de Ethereum histórico, veremos que esta criptomoneda también ha ido aumentando de valor de forma casi continua.

 

El rol de Bitcoin en países con alta inflación

Para este punto ya tienes claro qué es la inflación y qué es Bitcoin, pero ¿cómo se relacionan exactamente? Pues bien, en países con altas tasas de inflación, como Argentina y Venezuela, Bitcoin sirve para proteger el poder adquisitivo y facilitar transacciones. ¿Por qué? Porque la inflación erosiona el valor de las monedas locales, lo que de alguna forma obliga a los ciudadanos a buscar alternativas que preserven su riqueza. Como hemos explicado en la sección anterior, su suministro limitado a 21 millones de unidades y su independencia de políticas monetarias gubernamentales hacen que sea una buena alternativa para quienes buscan proteger sus ahorros de la devaluación. Esta independencia también facilita transacciones transfronterizas, es decir, enviar y recibir dinero sin depender de intermediarios tradicionales, y con ello evitar comisiones.

Pero además de esos dos puntos, en economías con opciones de inversión limitadas, Bitcoin es una alternativa más a la hora de diversificar y potencialmente aumentar el valor de los activos. Hoy en día no son pocas las empresas que deciden invertir parte de su capital en esta moneda, como inversión a largo plazo en épocas de inestabilidad política.

Ahora bien, no todo son ventajas. Es importante y necesario destacar que el precio de Bitcoin es volátil en comparación con otros activos. La volatilidad inherente de esta u otras criptomonedas, puede resultar en pérdidas si su valor disminuye abruptamente. Por último, la adopción de Bitcoin requiere de un acceso a tecnología y un cierto nivel de conocimientos digitales.

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