La historia de Mary Flora Bell es uno de los episodios criminales más perturbadores de la Inglaterra del siglo XX. En 1968, cuando todavía era una niña, quedó involucrada en dos asesinatos que provocaron conmoción en la sociedad británica y abrieron interrogantes difíciles de responder: ¿cómo puede una menor de tan corta edad cometer semejantes crímenes?

Los hechos ocurrieron en Newcastle upon Tyne, una ciudad del noreste de Inglaterra. Allí, durante algunos meses, dos pequeños perdieron la vida en circunstancias violentas. Las investigaciones terminaron señalando a Mary Bell, cuya edad convirtió el proceso judicial en un caso excepcional.

Dos muertes que conmocionaron a una comunidad

El primer episodio ocurrió el 25 de mayo de 1968. Martin Brown, de apenas cuatro años, fue encontrado sin vida dentro de una vivienda abandonada del barrio de Scotswood.

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Inicialmente, las circunstancias de su muerte generaron incertidumbre. El cuerpo no presentaba señales evidentes que permitieran reconstruir inmediatamente lo sucedido y las primeras sospechas apuntaron a una posible intoxicación.

Sin embargo, las investigaciones posteriores permitieron establecer que el pequeño había muerto por estrangulamiento.

Dos meses después, el 31 de julio, apareció otro cuerpo. Esta vez se trataba de Brian Howe, un niño de tres años que había sido encontrado en un terreno baldío de la misma zona.

El menor también había sido estrangulado y presentaba otras lesiones.

La repetición de hechos violentos contra niños pequeños encendió las alarmas entre los investigadores y los habitantes de la ciudad.

Una investigación que condujo hasta dos niñas

A medida que avanzaban las averiguaciones, comenzaron a surgir indicios que apuntaban a dos menores: Mary Bell, de 11 años, y otra niña de 13 años llamada Norma Bell, que no tenía parentesco familiar con ella.

Ambas vivían cerca de los lugares donde habían ocurrido los crímenes y conocían a las víctimas.

Los investigadores encontraron elementos que relacionaban a las niñas con los episodios, entre ellos escritos dejados en una guardería que contenían referencias a la muerte de Martin Brown.

Las sospechas aumentaron después del segundo asesinato. Durante los interrogatorios, las menores ofrecieron versiones contradictorias y se responsabilizaron mutuamente por lo ocurrido.

Finalmente, ambas fueron detenidas y llevadas ante la Justicia.

El juicio de una niña de apenas 11 años

El proceso judicial comenzó a finales de 1968 y despertó una enorme atención pública.

La edad de Mary Bell convirtió el juicio en un acontecimiento particularmente delicado. No se trataba de una persona adulta acusada de cometer asesinatos, sino de una niña que todavía estaba en edad escolar.

Durante las audiencias se analizaron las circunstancias de las muertes, los testimonios y las evaluaciones psiquiátricas realizadas a las acusadas.

El 17 de diciembre de 1968 llegó el veredicto.

El jurado declaró a Mary Bell culpable de homicidio involuntario por responsabilidad disminuida en relación con las muertes de los dos pequeños. No fue declarada culpable de asesinato.

En cambio, Norma Bell fue absuelta de todos los cargos.

La sentencia para Mary fue la detención por tiempo indeterminado, bajo una figura legal británica conocida como Her Majesty's Pleasure, que permitía mantenerla bajo custodia durante un período sujeto a revisiones.

El juez consideró que existía un riesgo para otros niños si no se adoptaban medidas de protección y supervisión.

Una infancia marcada por circunstancias traumáticas

Con el paso del tiempo, el caso también comenzó a analizarse desde una perspectiva psicológica y social.

Distintas investigaciones y publicaciones sobre la vida de Mary Bell reconstruyeron aspectos de su infancia y señalaron que había atravesado situaciones familiares extremadamente difíciles.

Entre los testimonios difundidos posteriormente aparecieron relatos de maltrato físico, abandono y abusos sexuales que habría sufrido durante sus primeros años.

La escritora y periodista Gitta Sereny investigó profundamente su historia y publicó trabajos sobre su infancia, su comportamiento y las circunstancias que rodearon los crímenes.

Estos antecedentes alimentaron una discusión que trascendió el expediente judicial: hasta qué punto las experiencias traumáticas durante la niñez pueden influir en el desarrollo de conductas violentas.

Sin embargo, los especialistas también advirtieron sobre la importancia de no reducir un caso criminal complejo a una única explicación.

La liberación y una identidad protegida

Mary Bell permaneció bajo custodia durante varios años. En septiembre de 1977 protagonizó una fuga de un establecimiento penitenciario abierto, aunque fue localizada y regresó a la institución.

Finalmente, en 1980 recuperó la libertad bajo determinadas condiciones.

Su salida volvió a generar controversia. Mientras algunos sectores cuestionaban la posibilidad de que una persona condenada por dos homicidios pudiera reintegrarse a la sociedad, otros planteaban la necesidad de considerar su edad al momento de los hechos y las posibilidades de rehabilitación.

En mayo de 2003, un tribunal británico le concedió anonimato de por vida, una medida que también alcanzó a su hija.

La decisión buscaba protegerlas del acoso, la exposición pública y los posibles ataques derivados de la notoriedad del caso.

Un caso que todavía genera preguntas

Más de cinco décadas después, la historia de Mary Bell continúa siendo estudiada y discutida.

Su caso se convirtió en una referencia dentro de los debates sobre justicia juvenil, violencia durante la infancia y responsabilidad penal de los menores.

La muerte de Martin Brown y Brian Howe dejó una marca imborrable en sus familias y en la comunidad de Newcastle. Pero también obligó a la sociedad británica a enfrentarse a una pregunta particularmente incómoda: cómo debe actuar la Justicia cuando quien comete un delito de semejante gravedad todavía es una niña.

Mary Bell tenía apenas 11 años cuando fue condenada por la muerte de dos pequeños. Su historia quedó registrada como uno de los casos criminales más impactantes de Inglaterra y como un episodio que todavía divide opiniones sobre los límites entre castigo, protección y rehabilitación.