Durante más de ocho décadas, el océano Atlántico mantuvo ocultos los restos del SS Cornwallis, un barco mercante canadiense que fue hundido por un submarino nazi en diciembre de 1944. El naufragio, ocurrido frente a las costas de Maine, Estados Unidos, dejó un saldo de 43 víctimas fatales y apenas cinco sobrevivientes.
El misterio finalmente encontró una respuesta en julio de 2026, cuando integrantes del Nomad Exploration Team, un grupo de exploración con sede en New Hampshire, localizaron los restos de la embarcación a unos 122 metros de profundidad. Luego de realizar nuevas inmersiones y analizar las características del buque, confirmaron que se trataba del Cornwallis.
Sin embargo, el descubrimiento tiene un detalle que lo vuelve todavía más sorprendente: el mismo submarino alemán que hundió el barco había desembarcado, apenas cuatro días antes, a dos espías nazis en territorio estadounidense.
Un barco que había sobrevivido a otro ataque
El Cornwallis había sido construido en 1921 en Vancouver, Canadá. Con un desplazamiento de 5.458 toneladas, era utilizado para el transporte de mercancías y había atravesado una experiencia similar dos años antes de su último viaje.
En septiembre de 1942, mientras permanecía anclado en Barbados, fue alcanzado por un torpedo alemán. El impacto provocó que se hundiera parcialmente en aguas poco profundas, pero pudo ser recuperado, reparado y reincorporado al servicio.
Su última travesía comenzó en noviembre de 1944, cuando zarpó desde Barbados con una carga de azúcar y melaza destinada a Saint John, en la provincia canadiense de Nuevo Brunswick.
La embarcación contaba con armamento defensivo, entre ellos un cañón de cuatro pulgadas, otro de doce libras y ametralladoras. Sin embargo, cuando llegó el momento del ataque, ninguna de esas armas pudo utilizarse.
La misión secreta del submarino alemán
Mientras el Cornwallis navegaba por el Atlántico norte, el submarino alemán U-1230, comandado por Hans Hilbig, llevaba adelante una operación de espionaje en territorio estadounidense.
El 29 de noviembre de 1944, la nave alemana se acercó a las costas de Maine y desembarcó a dos agentes cerca de la localidad de Hancock. Se trataba de Erich Gimpel, de nacionalidad alemana, y William Colepaugh, un ciudadano estadounidense que había viajado a Alemania para recibir entrenamiento como espía.
La misión consistía en infiltrarse en Estados Unidos y obtener información estratégica para el régimen nazi. Ambos consiguieron llegar a Nueva York sin ser detectados inicialmente por las autoridades.
Cuatro días después, el 3 de diciembre, el U-1230 volvió a aparecer en escena. Esta vez, su objetivo fue el Cornwallis.
El torpedo que hundió al Cornwallis
Durante la noche del 3 de diciembre de 1944, el submarino alemán detectó al mercante canadiense y lanzó un torpedo que impactó cerca de la proa.
La embarcación se hundió en menos de diez minutos. De los 48 integrantes de la tripulación, apenas seis consiguieron llegar a los botes salvavidas. Uno de ellos murió por hipotermia mientras esperaba ayuda.
Los cinco sobrevivientes restantes fueron rescatados por barcos pesqueros y posteriormente trasladados a una embarcación de la Armada estadounidense, que los llevó hasta Rockland, Maine.
El ataque desencadenó una investigación para determinar si el submarino responsable también había participado en otras operaciones clandestinas en la región. Las autoridades comenzaron a reconstruir los movimientos de la nave alemana y a buscar posibles conexiones con la presencia de agentes enemigos en suelo estadounidense.
La captura de los dos espías nazis
La investigación permitió descubrir la operación de espionaje que había comenzado días antes del hundimiento.
El FBI obtuvo información sobre la presencia de personas sospechosas en las cercanías de Hancock. Mientras tanto, los dos agentes ya se encontraban en Nueva York intentando avanzar con su misión.
El plan se derrumbó cuando William Colepaugh decidió confesarle a un conocido que había participado en una operación de espionaje. Esa persona alertó a las autoridades y permitió que el FBI comenzara a seguir sus pasos.
Colepaugh fue detenido y posteriormente los investigadores lograron localizar y arrestar a Erich Gimpel.
Ambos fueron juzgados por un tribunal militar y condenados inicialmente a muerte. Sin embargo, sus sentencias fueron posteriormente conmutadas por cadena perpetua.
El U-1230, por su parte, consiguió sobrevivir hasta los últimos meses de la guerra. En 1945, sus propios tripulantes lo hundieron deliberadamente para evitar que cayera en manos de los aliados.
Ocho décadas de búsqueda en las profundidades
La ubicación exacta del Cornwallis permaneció desconocida durante más de 80 años. Las condiciones del Atlántico norte representaban un desafío para cualquier expedición: aguas frías, fuertes corrientes y una profundidad que complicaba las tareas de exploración.
El equipo del Nomad Exploration Team consiguió avanzar mediante el uso de tecnología de sonar de barrido lateral, que permitió detectar una silueta compatible con la estructura de un barco hundido.
Después de localizar el objetivo en julio de 2026, los exploradores realizaron nuevas inmersiones para estudiar sus características y confirmar su identidad.
Danny Allan, integrante del equipo, destacó que el hallazgo fue el resultado de años de trabajo y perseverancia. También señaló que el descubrimiento permite recuperar la memoria de una tragedia que había quedado prácticamente olvidada.
Una cápsula del tiempo de la Segunda Guerra Mundial
Los responsables de la expedición describieron al Cornwallis como una especie de cápsula del tiempo sumergida. Aunque ya no conserva la apariencia del mercante que transportaba azúcar y melaza rumbo a Canadá, sus restos representan un testimonio material de uno de los episodios menos conocidos de la Segunda Guerra Mundial en la costa estadounidense.
La investigación histórica del recorrido del barco también contó con los aportes del historiador naval Eric Wiberg, cuyos registros técnicos y documentales ayudaron a reconstruir la última travesía de la embarcación.
El descubrimiento permitió cerrar una búsqueda que se extendió durante generaciones y volver a poner en primer plano una historia que reúne espionaje, operaciones militares y una tragedia marítima.
Más de 80 años después, el océano finalmente devolvió una parte de aquella historia: los restos del Cornwallis, el barco que se cruzó con una misión secreta nazi y terminó en el fondo del Atlántico.




















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