Luciana Urquiza, psicóloga, se refirió ayer –en diálogo con el equipo de Nuevo Diario– al taller que encabezó el jueves pasado, en el salón de usos múltiples de la Cámara de Diputados de la Provincia: "Nunca tan solos, nunca tan expuestos".

"Es fundamental entender cómo mutaron las redes sociales. Nacieron originalmente como plataformas de contacto, como un canal para reencontrarnos y mantenernos vinculados con otros. Sin embargo, con el tiempo viraron hacia un modelo basado en la economía de la atención y el consumo ininterrumpido de imágenes", introdujo.

Urquiza estuvo también acompañada por María Gelid, psicóloga, y Verónica Coria, profesora en Educación Especial.

"Hoy nos encontramos con plataformas diseñadas algorítmicamente para capturar el tiempo de los chicos a través del scroll infinito y el contenido hiperestimulante. Esto generó un impacto directo en la capacidad de atención, la concentración y los tiempos de espera: se perdió la pausa", informó.

La propuesta fue impulsada desde el colegio David Mc Taggart.

"En los niños y adolescentes vemos una intolerancia muy grande al aburrimiento, porque están acostumbrados a la estimulación inmediata", advirtió.

La iniciativa fue dirigida a padres de la comunidad educativa.

"Después, en cuanto a la IA (Inteligencia Artificial), es importante pensar en su impacto en la educación, no estamos hablando simplemente de una herramienta de búsqueda más rápida, como lo fue Google en su momento. Lo que vemos hoy es un salto cualitativo: la delegación de facultades mentales que son profundamente humanas", comunicó.

La psicóloga alertó que, "cuando delegamos sistemáticamente el esfuerzo del pensamiento en un algoritmo, las facultades que no se ejercitan corren el riesgo de deteriorarse, por ejemplo, el pensamiento crítico y la capacidad de discernimiento: si el estudiante toma como verdad dada lo que devuelve la pantalla, se anula la pregunta por el origen del conocimiento y la duda reflexiva".

Por último, la entrevistada concluyó que "la IA puede procesar información, pero la capacidad de juzgar, de conmoverse, de dudar y de pensar éticamente sigue siendo una facultad exclusivamente humana que tenemos que proteger y estimular en las aulas".

Urquiza compartió con los presentes "herramientas de acompañamiento", es decir, "pautas concretas para una presencia adulta cuidadora y el establecimiento de límites saludables en casa".