Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
Opinión

Al final de cuentas hay que decirlo, la austeridad era solo para los otros

La austeridad exige conducta pública, no solo discursos de ocasión y, cuando gobierna la motosierra oficial, la coherencia debería ser obligatoria.

Xavier María Ferrera Peña

Por Xavier María Ferrera Peña

El dato no escandaliza solo por la cifra. Escandaliza por el contraste. Mientras el Gobierno convirtió el ajuste en doctrina, mientras a millones de argentinos se les pidió paciencia, sacrificio y silencio, se conoce que Manuel Adorni habría gastado más de $9,1 millones en una escapada familiar a Bariloche, con estadía en el Llao Llao, pasajes, excursiones, comidas, spa y hasta peluquería incluidos. En ese momento, según las publicaciones, su salario como vocero presidencial no llegaba a los $3 millones netos.

El problema no es que un funcionario viaje. El problema es que el vocero de la motosierra parezca vivir en el país de la espuma, mientras la gente común hace malabares con boletas, remedios, alquileres y changas. No es moralismo barato: es coherencia pública. Quien habla todos los días en nombre de un Gobierno que predica austeridad no puede comportarse como si la austeridad fuera una penitencia reservada para jubilados, empleados públicos, docentes, enfermeros y familias endeudadas.

Lee además:

Más grave todavía es la sospecha sobre la modalidad de pago: las notas señalan que parte de la cuenta habría sido abonada meses después de la estadía, un beneficio difícil de imaginar para cualquier argentino que sale de un hotel y debe pagar antes de cruzar la puerta.

Ahí se rompe el relato. Porque la casta no siempre aparece con chofer, despacho y fueros. A veces aparece en bata de hotel, mirando el lago, pasando gastos por servicios premium y explicando desde Buenos Aires que "no hay plata".

No hay plata, parece, salvo para los que administran el discurso de que no hay plata. Y cuando la peluquería también entra en la cuenta, la motosierra deja de ser símbolo de austeridad y empieza a parecer utilería de teatro.

El problema no es viajar. El problema es el contraste. La austeridad exige conducta pública, no solo discursos de ocasión y, cuando gobierna la motosierra oficial, la coherencia debería ser obligatoria.

Porque el ajuste no duele cuando lo pagan otros cuerpos. Duele en jubilados postergados siempre, en familias endeudadas, en trabajadores despedidos brutalmente, en comercios que cierran.

Un funcionario no es cualquiera, representa una ética de gobierno. Y si pide esfuerzo, debe mostrarlo, si exige paciencia, debe tenerla; si habla de privilegios, cuidado.

Los privilegios también hablan.

El relato queda desnudo solo, la casta cambia de ropa pero conserva viejas costumbres intactas. Rémoras de los ´90 en versión siglo XXI.

Y cuando aparece la factura, La épica se vuelve papel.

Te puede interesar: Una auditoría del PAMI detectó una millonaria defraudación que involucra a dos ópticas de la provincia

Adorni
Seguí a Nuevo Diario Web en google news
Comentarios

Te puede interesar

Teclas de acceso