En cualquier democracia local, el presupuesto es la ley que define prioridades: qué se hace, qué se posterga, a quién se asiste y a quién se le cobra. En La Banda, sin embargo, la ordenanza más importante del año se resolvió con velocidad quirúrgica: Se aprobó sin explicar lo que se había cambiado, lo que se había inflado y lo que se había dejado en la nebulosa. Y cuando un presupuesto se vota “a libro cerrado”, deja de ser una hoja de ruta: Pasa a ser un permiso.
Votaron a favor:
Iber Assleborn
Natalia Gallardo
Daniel Russo
Bianca Vinocur
Carlos Adamo
Anahí Campos
Rubén Vizgarra
Miguel Montenegro
Votaron en contra:
Alejandra Monjes
Patricio Augusto
Carlos Ruiz
Stella Mirolo
Un dato no menor. Casi todo el gabinete de Nediani se concentró en el recinto para "ejercer" presencia. Los mismos funcionarios que exceden todos los límites de tiempo permitidos para responder informes al Concejo Deliberante marcaron presencia política.
1) El boleto estudiantil: de “millones” a cero y la pregunta que perfora todo
Lo reportado es simple y demoledor: se presupuestaron “millones” para boleto estudiantil y luego el proyecto fue modificado hasta dejarlo en cifra cero, sin que nadie explicara el porqué ni el cómo.
Acá no hay un debate ideológico: hay un problema básico de consistencia presupuestaria. Porque la Carta Orgánica obliga a que el proyecto venga con planillas aclaratorias que indiquen —entre otras cosas— el “motivo de las modificaciones introducidas”.
Si la cifra bajó a cero, el motivo no es un detalle administrativo: Es la noticia. ¿Qué cambió? ¿Qué decisión política se tomó? ¿Qué evaluación técnica justificó borrar el programa?
En síntesis:
Qué se votó: Un presupuesto con un rubro clave “reprogramado” (o anulado) a último momento.
Qué debía acompañar: planillas con el motivo de la modificación.
Pregunta concreta: ¿por qué se presupuestó algo que —según el propio cambio— se sabía que no se iba a otorgar?
2) “Agua” por $1.200 millones: Cuando el rótulo es una coartada
“Agua” puede ser mil cosas… y justamente por eso, cuando el número es $1.200 millones, la vaguedad deja de ser descuido: Empieza a oler a zona liberada para gastar.
¿Es agua potable de red? ¿Camiones cisterna? ¿Compra de bidones? ¿Mantenimiento y potabilización? ¿Servicio tercerizado? ¿Obras? ¿Pago a proveedores específicos? Sin una explicación mínima, el rubro funciona como una palabra-paraguas: tapa todo lo que entra debajo.
Y acá hay otra obligación que incomoda: La Carta Orgánica manda a asegurar publicidad patrimonial, incluyendo un detalle de recursos y erogaciones. No es poesía institucional: Es una exigencia para que el vecino entienda en qué se gasta.
En síntesis:
Qué se votó: $1.200 millones en “agua” sin descripción pública del servicio/contrato.
Qué debía acompañar: desglose (subpartidas), destino, modalidad de compra/contratación, proveedor/es.
Pregunta concreta: ¿Qué tipo de agua consume el municipio y por qué cuesta eso?
3) Festivales “que no se van a realizar”: El presupuesto como ficción útil
Tercer punto: festivales. Si se presupuestó “millonario” para eventos que —según se admite en el propio clima político— no se van a hacer, la pregunta no es cultural: es contable.
Porque hay dos opciones, y ambas son graves:
O los festivales sí se piensan hacer y se le miente al público para desactivar críticas.
O no se harán y el rubro queda como bolsillo elástico para mover fondos después.
En cualquiera de los dos casos, sin calendario, sin programa, sin metas y sin explicación, el gasto cultural se vuelve lo contrario de la cultura: opacidad.
En síntesis:
Qué se votó: partidas para festivales sin justificación pública.
Qué debía acompañar: objetivos, cronograma tentativo, criterios de contratación, estimación de costos.
Pregunta concreta: ¿por qué presupuestar algo que no se realizará? ¿A dónde iría ese dinero entonces?
4) Votos cruzados y la palabra “derrocamiento”: Cuando se usa el miedo para cerrar el debate
La escena política es la que vuelve todo más espeso: votaron a favor los concejales del Frente Cívico (oposición), el concejal Miguel Ángel “El Ninja” Montenegro —que justificó su postura con una frase de alto voltaje: “están buscando el derrocamiento del intendente Roger Nediani”— y el voto afirmativo de los dos concejales de Héctor Eduardo “Chabay” Ruiz, en un cuadro que, por historia y posicionamientos, resulta cuanto menos llamativo. Los negativos: Frente Renovador y Libres del Sur.
“Derrocamiento” no es una opinión: Es un concepto que intoxica.
En democracia, controlar no es desestabilizar: es hacer funcionar el sistema. Usar “derrocamiento” para responder preguntas presupuestarias suele operar como cortina de humo (se habla de conspiraciones, no de planillas), deslegitimación del debate (el que pregunta pasa a ser sospechoso) e intimidación simbólica (se instala que criticar es peligroso).
Y ahí está el punto lógico que merece repudio: Si pedir explicaciones equivale a “derrocar”, entonces el presupuesto deja de ser una ley de gobierno y se convierte en un acto de fe. La política no necesita fe: necesita papeles.
¿Alianza política de hecho? Hipótesis, no sentencia
Decir “se confirma una alianza” exige pruebas. Pero el cruce de votos habilita hipótesis razonables sobre incentivos políticos para el sector de Héctor "Chabay" Ruiz, quien ya ha manifestado sus aspiraciones públicas de presentarse como candidato en las elecciones comunales de este año, en coincidencia con Roger Nediani, que iría por la reelección. Nadie sabe con certeza qué se mueve en las sombras de los pasillos de la municipalidad, pero no es la primera vez que se desliza fuertemente que Nediani y Ruiz irían en Tótem a las elecciones para competir contra el Frente Renovador y el Frente Cívico. Pretenden "empaquetar" una gobernabilidad a futuro en base al resto electoral de quien cumplió condena por haber violado a una mujer en su despacho ante la orfandad de votos de Roger Nediani, según las especies de pasillo.
Cuando en política "Chabay" Ruiz es Chasman y El "Ninja" Montenegro Chirolita
La argumentación falaz del golpe institucional para derrocar a Nediani no es del concejal Montenegro. El edil, compadre de Nediani, la ha tomado de Héctor "Chabay" Ruiz, lo cual hace presuponer la existencia de una afinidad/alianza política entre ambos sectores que no es nueva. Ruiz esgrimió el argumento mentiroso en febrero de 2025 cuando Nediani no cumplió con el aumento de salarios e intervino el Concejo Deliberante:
La urgencia real: lo que la Carta Orgánica dice —y lo que la política hace
Acá se rompe el relato de la “necesidad técnica”. La Carta Orgánica es explícita: si al 1 de enero no hay presupuesto, siguen vigentes las ordenanzas del año anterior en sus partidas ordinarias.
O sea: El municipio no se apaga. No se queda sin Estado. No entra en coma.
Y aun cuando el Ejecutivo invoque “urgente tratamiento”, la misma norma fija plazos: 30 días y 45 días específicamente para el presupuesto. No 72 horas.
La urgencia existe como herramienta, sí, pero para ordenar el trámite; no para reemplazar la explicación por velocidad.
Conclusión lógica: si el sistema prevé continuidad y plazos, la urgencia “a libro cerrado” suena menos a administración y más a política.
El espejo nacional: Dos ejercicios prorrogados… y recién ahora una ley nueva
A nivel nacional, Javier Milei prorrogó para 2024 el presupuesto 2023 mediante el Decreto 88/2023.
Y volvió a prorrogar para 2025, desde el 1° de enero de ese año, mediante el Decreto 1131/2024 (Boletín Oficial).
Organizaciones como ACIJ remarcaron que el último presupuesto aprobado por el Congreso había sido el de 2023 y que la prórroga se usó dos años consecutivos.
Pero atención al dato 2026 (porque el detalle importa): El Presupuesto 2026 sí fue sancionado como Ley 27.798 y publicado en el Boletín Oficial el 2 de enero de 2026.
¿La comparación sirve igual? Sí, por una razón incómoda: incluso cuando la política nacional estiró el debate y gobernó con prórrogas, el Estado siguió. En La Banda, además, esa continuidad está escrita sin eufemismos.
Entonces, ¿cuál era la urgencia hoy? Si no era administrativa, la respuesta que queda es la que nadie quiere decir en voz alta: era política.
La Banda no necesitaba un presupuesto votado a ciegas: Necesitaba un presupuesto explicado. Porque el control no derroca a nadie; lo que derroca es la lógica torcida de convertir preguntas en amenazas y números en misterio. Si el presupuesto no se explica, no se aprueba: se impone. Y cuando se impone, deja de ser una hoja de ruta y pasa a ser un cheque en blanco.