Dos días de silencio absoluto encendieron las alarmas. Carlos Eduardo Marcano, un hombre de 39 años, no lograba comunicarse con su compañera de trabajo. La preocupación lo empujó a presentarse en la puerta del domicilio familiar, ubicado sobre la calle Mercedes al 2400, en la localidad bonaerense de Mariano Acosta. Nadie respondió a sus llamados, el mutismo en la propiedad era total y la tensión obligó a dar aviso inmediato a los efectivos de seguridad.
Con el aval de la Unidad Funcional de Instrucción N° 8 de Morón, los uniformados de la Comisaría Sexta ingresaron a la propiedad. En el interior de una única habitación, yacían los cuerpos sin vida de los cinco integrantes de la familia, todos de nacionalidad venezolana. Las víctimas fueron identificadas como Evelyn Carolina Rivero Mejías, de 41 años, sus tres hijos de 14, 12 y 10, y su pareja, Soihit Meza Mahatma Eyvind, de 44.
El horror del cuarto presentaba un detalle macabro que marcó el pulso de la investigación. Todos los cadáveres exhibían severas lesiones, pero entre las piernas del padre de familia descansaba un arma de fuego. El hallazgo cobró un peso escalofriante al rastrear los movimientos recientes del hombre: semanas atrás, había utilizado sus redes sociales para exhibir fotografías posando con armas y videos donde se lo veía en plena práctica de tiro.
La Justicia caratuló el expediente bajo la figura de averiguación de causales de muerte. Los especialistas de la Policía Científica blindaron la vivienda para levantar rastros, ejecutar las pericias de rigor y reconstruir la mecánica de un baño de sangre, bajo la firme sospecha de un exterminio familiar que culminó con la decisión final del tirador.




















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