La vida de Mama Antula y su ministerio apostólico estuvo rodeada de hechos y gestos prodigiosos que fueron interpretados a la luz de la fe como "milagros". En la teología cristiana, se llama milagro a un suceso a la vez sensible y trascendente que se produce con intervención divina y que forma parte asimismo de una revelación. Estos tres aspectos son indisolubles, de tal modo que el milagro es descrito como un prodigio que es un signo o como signo trascendente no habitual. Los santos no hacen milagros, los hace Dios, los santos son intercesores como todos los cristianos que estamos llamados a interceder con nuestra oración unos por otros.

Es este el contexto desde el cual hay que interpretar los signos prodigiosos que le atribuyen a Mama Antula; son gracias especiales que Dios le da su pueblo a través de Antula. Por eso, es bueno, al analizar cada prodigio, preguntarnos qué quiere enseñarnos Dios con este signo, en qué nos puede ayudar a fortalecer nuestra vida de fe.

De los muchos prodigios que se le atribuyen a Mama Antula, solo comentaremos dos acaecidos en su tiempo y otro que nos sucedió en nuestra patria chica de Santiago del Estero. Pero, sin perder de vista, que el gran prodigio de la Beata fue llevar a Jesús a miles de hermanos y lograr su conversión.

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Durante la vida de Mama Antula rescatamos la multiplicación de los alimentos y del pan.

La misma Beata refiere al Padre Juárez el 9 de octubre de 1780: "El alimento, aunque no hay fincas visibles, lo da Dios muy sobrante, excesivo y sazonado, con que logró complacer a todas las que los participan, quienes a más de esta dicha que logró no recusan mezclarse (hablo de las señoras principales) con las pobrecitas domésticas, negras y pardas que admito con ellas. Ya se hace indispensable valerme de estos humildes arbitrios, para no malograr ni perder el fruto que ofrece el mismo Jesucristo, que jamás fue aceptador de personas". Seguramente posamos nuestra mirada sobre la abundancia de alimentos necesarios para los Ejercicios. No es fácil dar de comer a tantas personas y durante muchos días, diez en total. A la luz del Evangelio de Juan 6, 1-15, donde se narra el gesto realizado por Jesús de dar de comer a una multitud con cinco panes de cebada y dos pescados, y recoger las sobras en doce canastas, podemos ver la similitud; la comida es sobreabundante porque el Señor les enseña a compartir y Mama Antula logra que compartan los Ejercicios y la mesa "las señoras principales con las pobrecitas domésticas". Ambos signos nos muestran la providencia de Dios y nos enseñan a compartir como hermanos.

Otro de los signos prodigiosos que me ha llamado la atención es el de la provisión de agua. Que interpreto libremente. La Hna. Cayetana del Santísimo Sacramento, O.P., del monasterio de Santa Catalina de Siena de Buenos Aires, testigo de auditu a videntibus y pariente de María Antonia por parte de su abuela materna, afirma: "Una vez pidió le vendiese agua un aguador, como se usaba antes llevarla por las calles, negándosela este como a impertinente; ella ordenó fuesen a ver las tinajas y depósitos y las hallaron con agua; y el vendedor no pudo despachar la que llevaba en todo el día y vino a pedirle perdón a la Madre y después consiguió venderla toda".

El agua simboliza la vida, la fecundidad, la purificación y, para nosotros los cristianos, el bautismo y el don del Espíritu. ¿Acaso no podemos decir que Mama Antula es portadora del Espíritu? No solo por la gracia bautismal, sino por la consagración que Dios le da en orden a su misión. En un tiempo de sequía por la falta de vida espiritual debido a la expulsión de la Compañía de Jesús, María Antonia fecundó con la obra de los Ejercicios los corazones de miles de hermanos que encontraron a Dios gracias a su apostolado.

En Santiago del Estero, para la Fiesta de San Gil del 1 de septiembre del 2021 en Sacha Pozo, llevamos para que sea venerada por los devotos del "santo de los pobres" una imagen de Mama Antula. El simbolismo era fuerte: mostrar la cercanía de la Beata a los pobres y descartados de la sociedad. Este gesto tuvo una amplia y emotiva repercusión; cientos de hermanos que entraban a la pequeña capilla de San Gil para venerarlo, también se acercaban con devoción a "tocar" la imagen de Mama Antula y pedirle alguna gracia especial a Dios a través de su intercesión.

Nosotros habíamos llevado una cajita con estampitas de Mama Antula con la oración detrás. En un momento veo que la persona encargada de entregar las estampitas le daba unas cuantas a cada persona. Con disimulo, me acerco y le digo que le dé solo una por familia porque no alcanzaría para todos. Mientras tanto, yo estaba abocado a bendecir a las personas, a escucharlas y abrazarlas fraternalmente. Cerca del mediodía, después de más de dos horas acompañando a los devotos, ya un poco cansados, salimos de la capillita y nos sentamos en una veredita que está a los costados. En un momento miro la caja con las estampitas y estaba llena, como la trajimos, a pesar de que durante esas dos horas les íbamos dando a las familias. Le comento a las personas con las cuales habíamos venido y nos quedamos en silencio ante este hecho. Dios es misericordioso y algo quiere decirnos.

Actualmente, el santuario de Mama Antula congrega a miles de peregrinos de distintos puntos del país. Todos los días y prácticamente durante toda la jornada llegan vehículos con devotos a pedir a Dios alguna gracia a través de nuestra Santa. Los domingos por la mañana, a la hora de la misa que se celebra a las 10:30 horas, la participación en la misma ha crecido vertiginosamente. No solo santiagueños se acercan a participar de la misa, sino que en varias oportunidades nos han sorprendido familias de otras provincias (Tucumán, Salta, Córdoba y hasta Buenos Aires) que vienen a compartir la Eucaristía y al terminar regresan a sus hogares. Es conmovedora la fe del pueblo de Dios.

Igualmente, los testimonios de gracias recibidos a través de Mama Antula no dejan de sorprendernos: testimonios de curaciones de distintos tipos de enfermedades, algunas graves, reconciliaciones familiares, trabajos conseguidos, etc., no dejan de conmovernos y los ponemos en las manos de Dios, el dispensador de toda gracia.

Quizás lo más importante a destacar es el retorno al camino de la fe de cientos de hermanos que estaban alejados de Dios y de la Iglesia por diferentes motivos y, gracias a la devoción a Mama Antula, volvieron a reencontrarse con él. En el sacramento de la reconciliación manifiestan sobre todo esta situación y el arrepentimiento de volver a Dios y la alegría por el reencuentro.

Al respecto, el 6 de julio de 1786, Ambrosio Funes escribe al Padre Juárez cementando la vida y obra de Mama Antula: "Es tanto el ruido de las acciones prodigiosas de esa matrona de Dios que es imposible hacer frente a las impresiones públicas de su reputación. Sus virtudes heroicas, sus profecías, sus milagros, los efectos admirables de sus Ejercicios manifiestan y decoran la importancia de su alto destino… Se presume prudencialmente que en solo dicha cabeza de este Virreinato (centro de la disolución y de la vanidad) han tomado Ejercicios más de 40 mil almas, dejando en ella las huellas visibles de su misión."

Es este el mayor prodigio de Mama Antula, haber logrado con su apostolado la conversión de miles de personas que, conociendo a Jesús, enmendaron sus vidas.