A medida que avanzó la mañana, la presencia de la niebla se hizo presente y llamó la atención de los santiagueños, ya que en diferentes puntos céntricos la vista se encontraba bastante obnubilada, la cual no es una imagen muy frecuente a estas horas en nuestra provincia.
Esto tiene una explicación, y para entenderla primero hay que "poner los puntos sobre las íes". Lo que tapó a la ciudad hoy es niebla pura y dura, y no una simple neblina. La diferencia técnica es sencilla pero contundente, ya que depende exclusivamente de qué tan lejos podamos ver. Hablamos de niebla cuando la visibilidad se reduce drásticamente a menos de un kilómetro, ocultando por completo las torres de los edificios y las copas de los árboles a pocas cuadras de distancia, tal como nos pasó hoy. Si logramos ver más allá de ese kilómetro, recién ahí entra en juego la categoría de neblina.
Al enfriarse el suelo durante la madrugada, esa humedad del ambiente se condensó y, al no haber ráfagas fuertes que limpien y empujen, esa densa capa blanca quedó estacionada sobre nosotros.
Por lo general, semejante nivel de opacidad no es algo de todos los días en Santiago. Nuestra provincia suele tener amaneceres mucho más secos o, en su defecto, con brisas matutinas que dispersan rápidamente la condensación antes de que se vuelva tan espesa. Además, este fenómeno tiene un enemigo natural invencible, que es nuestro calor. Cuando los rayos empiezan a calentar la superficie, la humedad se evapora y la niebla tiene los minutos contados.
¿Cómo sigue la mañana?
Y justamente así continuará desarrollándose nuestra jornada. Con el sol ya asomando sobre el horizonte, la temperatura irá en franco ascenso para regalarnos un martes sumamente agradable. A esto se le sumará el incremento en la velocidad del viento, que promete alcanzar ráfagas de hasta 24 kilómetros por hora con el transcurso de las horas, barriendo definitivamente cualquier rastro de nubosidad baja y devolviéndole a la ciudad su clásica postal despejada.