La reciente difusión de un video que involucra a dos menores de edad en una situación íntima, a plena luz del día en un espacio público de Santiago del Estero, encendió las alarmas. El episodio abrió un profundo debate sobre el acompañamiento familiar, los límites y la enorme responsabilidad de quienes viralizan este tipo de contenidos. Frente a este panorama, el licenciado en Psicología Juan Pablo Barquín visitó el ciclo Actualidad Política, por Radio LV11, para aportar su mirada profesional.

Durante la entrevista, el psicólogo fue categórico respecto a la participación activa que deben mantener los mayores en la vida de los chicos, y advirtió sobre el peligro de desentenderse de sus necesidades. “Todos somos responsables. Por ahí es muy liviano deslindar la responsabilidad en uno o intentar focalizar”, expresó. Si bien reconoció que el núcleo íntimo es la base, sumó a la escuela y al Estado a la ecuación formativa: “Las primeras referencias por ahí son la familia o los adultos responsables. Siempre, cuando se trata de menores de edad, hay adultos responsables”, sentenció.

Tras aclarar que no conoce personalmente a los menores del video y evitar una evaluación particular del caso, Barquín profundizó en las complejidades biológicas y emocionales de esta etapa. "La adolescencia en sí es sinónimo de transgredir, pero no sólo desde ese lugar, no sólo el adolescente como el transgresor. Es una etapa donde se desafían mucho los límites, donde se empieza a jugar con la idea de dejar de ser niño y empezar a ser adulto sin serlo", reflexionó.

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En medio de esa dinámica donde es lógico que se confundan algunas cuestiones, el profesional marcó la cancha: "Hay un límite, siempre hay un límite y tiene que haberlo. Y en ese sentido hay siempre la necesidad de adultos que acompañen ese proceso porque cuando hay adolescentes hay que tener cuidado, en algún punto se puede entender la expresión, pero también hay que ver las responsabilidades de quienes acompañan esos procesos".

Esa urgencia por marcar pautas lo llevó a cuestionar tanto la idea de convertir la sexualidad en un "tema prohibido" como la exposición indiscriminada. “Como sociedad no podemos vivir sin límites”, afirmó. Para lograr ese equilibrio, destacó la prevención: “La ESI en las escuelas me parece un gran acierto”. Según explicó, la Educación Sexual Integral va mucho más allá de las relaciones físicas; en el nivel inicial permite que un niño aprenda a expresar tristeza, respete turnos y reconozca el propio cuerpo, mientras que en la adolescencia aborda vínculos, higiene y consentimiento.

Frente a la incomodidad de algunas familias para tocar estos temas, aconsejó no mirar hacia otro lado. “Lo mejor que puede pasar es que uno, como mamá o como papá, pueda acompañar ese proceso, y si no sabe cómo hacerlo, asesorarse con alguien”, recomendó, destacando que el acompañamiento genuino brinda herramientas vitales para la toma de decisiones de los jóvenes.


El peligro en las redes y el delito de viralizar

El impacto de internet, el acceso temprano a contenidos pornográficos y la sobreexposición en plataformas digitales no quedaron afuera de la mesa de debate. “Las redes sociales han venido a cuestionar muchísimo”, advirtió el especialista, exigiendo trazar una línea clara: “Lo privado tiene que ser privado y lo público puede ser público”. Al hablar de vínculos, subrayó el respeto innegociable: “Yo no soy dueño de hacer lo que se me antoja con el cuerpo del otro, incluso aunque sostengamos un acuerdo de pareja”.

En el piso de la emisora, se reflexionó con dureza sobre la irresponsabilidad de quienes comparten o consumen imágenes íntimas. Viralizar este material profundiza la exposición de los menores, vulnera gravemente sus derechos y, según las circunstancias, configura un delito. Además, desde el plano psicológico, las experiencias no consentidas provocan secuelas arrasadoras en el bienestar emocional.

Por ello, sobre el cierre del mano a mano, Barquín dejó un mensaje contundente ante posibles situaciones de abuso o sometimiento. “Por más que haya involucrados niños menores de edad, hay que denunciar. No hay otro camino: ir a la Policía o a Fiscalía y poner en conocimiento”, exhortó, pidiendo siempre consultar a personal capacitado.

Finalmente, destacó la indispensable labor de los equipos de orientación escolar, piezas clave para detectar alertas tempranas, dejando una reflexión ineludible: proteger a los menores exige que familias, escuelas y el Estado dejen de mirar para otro lado y trabajen de manera conjunta.