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La Provincia Salud integral

"La ansiedad en los adolescentes no es solo emocional: el cuerpo también empieza a hablar"

En diálogo con Nuevo Diario, la Lic. Daniela Marina Arias analizó el impacto del estrés, el fenómeno FOMO y la presión de las redes.

El incremento de consultas por cuadros de estrés y ansiedad en adolescentes ha encendido alarmas en el ámbito de la salud mental. En una entrevista exclusiva con Nuevo Diario, la Lic. Daniela Marina Arias, psicóloga y terapeuta gestáltica, explicó que esta etapa de consolidación de identidad vuelve a los jóvenes más vulnerables a las presiones del entorno, manifestando síntomas que van mucho más allá de lo anímico.

La salud mental de los adolescentes atraviesa un momento crítico, marcado por una cifra que preocupa a especialistas y educadores: el 77% de los jóvenes no logra un descanso reparador. Este dato, sumado al aumento de consultas por estrés y ansiedad, pone bajo la lupa la relación de los menores con la tecnología y la presión social.

“El estrés y la ansiedad se han vuelto motivos de consulta cada vez más frecuentes en la adolescencia. Se trata de una etapa del desarrollo en la que todavía se están consolidando la identidad, la autoestima y los recursos emocionales, por lo que determinadas presiones pueden impactar con mayor intensidad”, planteó primeramente la profesional.

Asimismo, indicó que en la práctica clínica “es habitual observar manifestaciones como irritabilidad, dificultades para dormir, miedo al juicio de los otros, problemas de concentración o crisis de angustia” También pueden aparecer síntomas físicos como cefaleas, palpitaciones o molestias gastrointestinales. Cuando los estados de ansiedad se sostienen en el tiempo y no son abordados, pueden derivar en cuadros de estrés que terminan afectando distintas áreas de la vida del adolescente, como el rendimiento escolar, los vínculos y su bienestar general”.

“La ansiedad en los adolescentes no es expresada solamente en el área emocional: muchas veces el cuerpo empieza a hablar a través de distintos síntomas físicos”, enfatizó.

 

Las redes sociales

Las redes sociales y los dispositivos forman parte de la vida cotidiana de los adolescentes, “por lo que no pueden considerarse la única causa del malestar”, sostuvo la psicóloga.

“Sin embargo, en muchos casos pueden actuar como factores que intensifican la ansiedad. La exposición constante, la comparación social y la búsqueda de aprobación pueden generar presión emocional”, planteó.

Sobre lo que recibe en consultas, explicó que es “frecuente escuchar preocupaciones vinculadas a la imagen, a la cantidad de ‘likes' o a la necesidad de responder de manera inmediata. Cuando el uso de la tecnología interfiere con el descanso, la concentración o los vínculos presenciales, puede convertirse en un factor que favorece el estrés y la sobreestimulación y, por supuesto, dejar de estar presente.

“Las redes sociales no son el problema en sí mismas, pero cuando la validación personal depende exclusivamente de lo que ocurre allí, pueden transformarse en una fuente importante de ansiedad. Por ello, se recomienda realizar terapia para develar, poner en palabras y generar el despertar de la consciencia lo que proporcionará la responsabilidad de lo que soy y quiero ser”, enfatizó.

 

Dispositivos y el aula

Como último punto del abordaje, la profesional analizó el hecho de sí son o no saludables estas redes sociales, o su uso y el de dispositivos en ámbitos educativos, en el aula específicamente. A lo cual, remarcó: “Considero que es saludable que existan límites claros respecto al uso del celular dentro del aula. La escuela sigue siendo un espacio fundamental para favorecer la atención, el intercambio cara a cara y la capacidad de sostener la concentración sin llegar a estímulos constantes”.

“La ´solución´ no pasa únicamente por prohibir el dispositivo. También es relevante acompañar a los adolescentes en el desarrollo de hábitos digitales saludables y en la construcción de recursos emocionales que les permitan regular su relación con la tecnología. Creo que más que prohibir el celular, el desafío es enseñar a los adolescentes a relacionarse de manera más saludable con la tecnología”, añadió.

 

FOMO

El FOMO, o fear of missing out (miedo a perderse algo), es un sentimiento de ansiedad y la creencia persistente de que otros están teniendo experiencias gratificantes de las cuales uno está ausente. Impulsa la necesidad constante de estar conectado a redes sociales para verificar actividades y evitar sentirse excluido.

“Sí, el fenómeno del FOMO, el miedo a perderse algo, está vinculado a las dinámicas culturales actuales. Vivimos en una época marcada por la inmediatez; queremos todo ya mismo (y si no sucede, nos frustramos), la hiperconectividad y la exposición permanente a la vida de los otros”, subrayó.

En última instancia, concluyó: “En la adolescencia, además, la necesidad de pertenecer a un grupo y ser aceptado tiene un peso muy importante. Cuando esa necesidad se combina con la dinámica de las redes sociales, puede aparecer una dificultad para desconectarse o para tolerar quedar por fuera de ciertas experiencias. El problema surge cuando esa sensación se transforma en ansiedad, en chequeo constante del celular o en la idea de que si uno no está conectado permanentemente, se está perdiendo algo importante. Por eso, estar presente en este momento, en el aquí y ahora, nos lleva a tener más conciencia del para qué, del cómo y del porqué. Es importante recalcar que: La etapa de la adolescencia no es el problema, la dificultad aparece cuando el sufrimiento emocional queda solo y sin escucha”.

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