Durante mucho tiempo, el fin de semana en La Banda tuvo una escena que parecía repetirse sin cambios: familias pasando por rotiserías, parrillas y casas de comidas para llevar el almuerzo del domingo o resolver la cena o almuerzo del sábado.
Pero quienes trabajan todos los días detrás del mostrador aseguran que ese movimiento comenzó a modificarse.
Para conocer cómo atraviesa este momento el rubro, Nuevo Diario dialogó con Humberto B. un comerciante gastronómico de La Banda dedicado desde hace más de una década a la elaboración de comidas tradicionales.
"Antes llegaba el viernes y ya empezaban los mensajes para reservar. Había familias que todos los fines de semana compraban. Algunos llevaban empanadas, otros asado, otros pollo con papas para compartir. Era una costumbre instalada", recordó.Sin embargo, señaló que ese escenario cambió progresivamente. "Hoy la gente sigue comprando, pero ya no como antes. Mucha gente pregunta precios, compara o directamente decide cocinar en su casa. Antes se llevaban dos docenas de empanadas; ahora por ahí compran media docena o una docena para estirar".
Entre las comidas que siguen liderando las preferencias aparecen las empanadas tradicionales, el pollo asado con guarnición, las milanesas familiares, el locro durante temporada y algunas opciones económicas para compartir. Pero detrás del mostrador, el desafío también pasa por sostener costos.
"El problema es que aumentan los insumos permanentemente. Carne, verduras, aceite, envases, gas, todo sube. Uno trata de no trasladar todo al precio porque sabe que después vende menos". Mientras tanto, el ritual bandeño del fin de semana continúa, aunque adaptado a otra realidad: menos pedidos grandes, más cálculo y familias que intentan mantener las costumbres sin que el bolsillo quede afuera de la mesa.