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La Provincia Locales

Los padres de la Autonomía

La revolución federal inició un proceso político con la idea de convocar a un congreso constituyente.

(Por Guillermo Abregú, editorialista de Nuevo Diario). No faltaron los que adujeron que la iracundia levantisca de Borges por la autonomía de Santiago, separándolo de Tucumán, estaba insuflada por la motivación de emular en el plano local, la revolución federal acaecida en Buenos Aires cinco meses antes (abril de 1815), en la que los caudillos federales del litoral, apoyados por el oriental José Gervasio de Artigas, y en la que San Martín se involucró desde Cuyo, siendo decisiva la presión militar y la sublevación de Álvarez Thomas en Fontezuelas, obligaron a que Carlos María de Alvear renunciara como Director Supremo, a quien consideraban un dictador centralista con las intenciones de convertir a las Provincias del Río de la Plata en un protectorado británico y apartar a San Martín de su cargo de gobernador de Mendoza y organizador y jefe del Ejército de los Andes. La revolución federal, con José Rondeau como nuevo Director Supremo –y antes interinamente Álvarez Thomas-, inició un proceso político con la idea de convocar a un congreso constituyente, que resultaría ser el de Tucumán en 1816.

No era descabellada la suposición que se hacía sobre la decisión revolucionaria del teniente coronel Borges, de haber estado influido por los nuevos aires de un federalismo sin sujeciones que se respiraba con la caída de Alvear, porque ya estaba el antecedente de tres cartas de los cabildantes, del ex teniente de gobernador Pedro Domingo Isnardi y del propio Borges, enviadas en mayo de 1815 a Álvarez Thomas, pidiéndole su intervención para que Santiago dejara de ser "esclava" de Tucumán, a las que el Director Supremo respondió (dirigiéndose al Cabildo el 14 de junio) que no estaba en sus atribuciones resolverlo hasta que no tratara y decidiera sobre la cuestión de delinear la nueva organización nacional el futuro Congreso. Por eso tampoco faltaron las opiniones sobre el "apresuramiento" de Borges de romper con toda dependencia antes de comenzar a funcionar, medio año después (en marzo de 1816), el Congreso de Tucumán.

En su alzamiento del 4 de septiembre de 1815, Borges no logró todo el apoyo que esperaba, y su golpe de audacia sólo le permitió estar en el gobierno cinco días, hasta que el 8 de septiembre, el gobernador de Tucumán –de donde dependía la intendencia santiagueña- envió las fuerzas suficientes para destituirlo. El enfrentamiento de fusilería entre los tucumanos y los soldados de Borges, se prolongó durante varias horas, hasta que el gobernador de la rebelión fue herido, quedando fuera de combate y reducidas sus huestes. Tras la refriega, Borges, en grave estado, fue llevado a su vivienda por un grupo de patricios, pero allí fue detenido por los milicianos de Araoz y trasladado en una diligencia a Tucumán. El primer levantamiento por la autonomía santiagueña, había fracasado, pero el suceso no apagó la llama que lo había encendido. Pocas semanas después de su detención, el teniente coronel y caballero cruzado, logró escapar de su prisión y regresar a Santiago, sin padecer mayores consecuencias cuando enfrenta a un tribunal que no lo sentencia por la sedición. Tan es así, que una vez recuperado físicamente, su intrépido genio lo hizo organizar un nuevo intento revolucionario, buscando el apoyo de los movimientos de Bulnes en Córdoba, de Moldes en Salta y del capitán Lorenzo Lugones, que se encontraba con un destacamento en la ciudad de Santiago. No consiguió todo lo que esperaba, pero sí el apoyo de Lugones al frente de 40 dragones –quien había sido enviado por Belgrano para reclutar hombres para su ejército- De ese modo, no dudó en rebelarse por segunda vez, el 4 de diciembre de 1816. Logró destituir y apresar al teniente de gobernador, don Gabino Ibáñez, proclamando la autonomía de Santiago. Pero su permanencia en el poder sería nuevamente fugaz –solo unas tres semanas más que la primera vez-. Enterado Bernabé Araoz de la nueva sublevación y toma del poder del "levantisco" militar santiagueño, no demoró en informarle al general Manuel Belgrano sobre su insurrección, ante lo cual, el jefe del Ejército del Norte, ordenó hacer cumplir lo dictado por el Congreso de Tucumán el 1º de agosto de 1816, sobre el "principio del orden, la obediencia a la autoridad", y la disposición de "quienes promovieran la discordia entre los pueblos, serían reputados enemigos, y castigados con todo el rigor de las penas hasta de la muerte, o expatriación, según la gravedad del crimen", ordenando de ese modo su captura y fusilamiento.

El destino final del teniente coronel Juan Francisco Borges estaba sellado.

Ante el avance de las tropas nacionales compuestas por infantes y dragones bajo el mando de los coroneles Juan Bautista Bustos, José María Paz y el mayor Gregorio Aráoz de La Madrid, Juan Francisco Borges decidió replegarse hacia Loreto. Allí logró reunir a medio millar de combatientes locales. Sin embargo, al ser localizados en Ambargasta por la vanguardia de La Madrid, el improvisado contingente santiagueño no pudo contener el embate de los húsares, mejor adiestrados, y sufrió una derrota definitiva. Borges intentó una última retirada hacia el Salado, pero fue alcanzado en Pitambalá el 27 de diciembre de 1816. Tras este último combate, fue capturado y trasladado a Santo Domingo.

El cumplimiento de la orden superior de fusilamiento, tuvo lugar al mediodía del 1º de enero de 1817, momento en el que el Precursor de la Autonomía, fue abatido bajo un frondoso algarrobo, que permanecería en el tiempo como el signo glorioso de su paso a la inmortalidad. Su siembra, comenzaba a germinar. A esa misma hora en la ciudad de San Miguel de Tucumán, en el seno del Congreso, el presbítero Pedro Francisco de Uriarte, representante de Santiago del Estero, solicitaba en un conmovedor discurso, piedad para Juan Francisco Borges. Ya era inútil.

A juicio del general Paz, "la orden de fusilar a Borges fue un gran error de Belgrano, que tanto respetaba las leyes y ordenó una muerte sin juicio". Bartolomé Mitre, también consideró "injusta la disposición de Belgrano, suponiendo que estaba en connivencia con el enemigo, cuando Borges había probado ser un verdadero patriota; pero eran tiempos duros y Belgrano era inexorable en mantener la disciplina".

Separación de Tucumán

El 19 de marzo de 1820, conteste a los acontecimientos que sucedían en el territorio de las Provincias Unidas, tras la firma del Tratado del Pilar y en rechazo a las aspiraciones del gobernador tucumano, Bernabé Araoz, de convertir a su provincia en República, formada por Catamarca y Santiago del Estero, el Cabildo santiagueño decidió proclamar la separación de la Gobernación-intendencia de la antigua provincia del Tucumán –que por paradoja del destino fue mandada a ser fundada desde Santiago del Estero, el 31 de mayo de 1565, por Francisco de Aguirre, comisionándolo a tal fin a su sobrino Diego de Villarroel-. Pero esa resolución, no sería aceptada por el gobernante tucumano.

El 22 de marzo de 1820, Tucumán se convirtió en República (nombre que se daba a un estado), incluyendo a Santiago del Estero y Catamarca que eran desde 1814 sus dependencias. La decisión fue adoptada por el gobernador Bernabé Aráoz, tras un motín revolucionario que destituyó a su antecesor Mota Botello. El fin fue separarse del gobierno centralista que se ejercía desde Buenos Aires, pero la experiencia sólo llegaría a cumplir 17 meses, con guerras regionales de por medio y la declaración de la autonomía santiagueña.

El flamante presidente de la República de Tucumán, Bernabé Aráoz, intentó aplastar por la fuerza el nuevo levantamiento autonomista en Santiago del Estero, orquestado desde el Cabildo, que había convocado al comandante del fuerte de Abipones, Juan Felipe Ibarra, para enfrentar a las tropas que había decidido enviar Aráoz, al mando del capitán Echauri.

Juan Ibarra ya se había dirigido por carta al Cabildo anunciando su propósito de iniciar la lucha por la autonomía. El tan esperado acontecimiento decisivo, se consumaría con la intervención de sus tropas.

Irrumpió en la escena histórica santiagueña siendo comandante del fuerte de Abipones en la frontera sur de la provincia, designado por Belgrano como reconocimiento a sus méritos militares en combates contra los realistas, como lo fueron las batallas de Tucumán y Salta, luchando con bravía junto a su jefe y los valientes infantes y jinetes que le dieron el triunfo al Ejército del Norte, como también enfrentando con arrojo a los malones de los bravos indios mataraes que asolaban la zona fronteriza del sudeste santiagueño. Desde ese reducto, este aguerrido y adusto guerrero de la independencia y de las contiendas salvajes, llegó a Santiago para cambiar su historia, luchando con singular heroísmo contra las fuerzas tucumanas, porque además lo hacía por su tierra y destino. El combate fue breve y decisivo. Hacia el mediodía del 31 de marzo de 1820, Ibarra venció a la soldadesca invasora al mando del capitán Juan Echauri, haciéndose dueño de la victoria y de la situación militar de la ciudad. Ese mismo día, convocó al Cabildo para alinear oficialmente a Santiago en la causa del federalismo. Ese Cabildo Abierto depuso a las autoridades anteriores y proclamó la autonomía provincial de hecho. Se eligió un nuevo Cabildo y se proclamó gobernador provisorio a Juan Felipe Ibarra. El 25 de abril de 1820 se constituyó la asamblea, y el 27 de abril procedió a declarar la Autonomía. Ibarra fue nombrado gobernador de la provincia en Cabildo Abierto, bajo la presidencia de don Pedro Pablo Gorostiaga. Poco después sería nombrado brigadier general.

Con la formación de un nuevo Cabildo y la inmediata puesta en práctica de una política autonomista, el flamante gobernador dio los pasos determinantes para declarar a Santiago del Estero independiente del gobierno de Tucumán, del cual dependía como intendencia junto a Catamarca.

El 27 de abril de 1820, el caudillo federal se consumaba como realizador y ejecutor de la Declaración de la Autonomía. Ese día, Santiago entraba en la historia, enarbolando su propia identidad, sus derechos, su dignidad y sus principios autónomos, mostrando a las Provincias Unidas del Río de la Plata un documento político sin igual dentro del derecho público argentino.

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