Enseñarles a los niños que su cuerpo les pertenece, que existen límites que nadie debe vulnerar y que siempre pueden recurrir a un adulto de confianza es uno de los principales objetivos de “El semáforo invisible de mi cuerpo”, un libro de cuentos creado para prevenir el abuso sexual infantil y acercar información clara a las familias. La iniciativa fue presentada por la abogada y escritora Romina Martínez Hunko, quien dialogó con Nuevo Diario sobre la importancia de generar herramientas de prevención desde la infancia y llevar estos conocimientos más allá de los ámbitos académicos, directamente a los barrios y espacios comunitarios.

“Esta información tiene que quedar para las familias, no puede ser solamente una construcción para las universidades. Hay un problema real que tenemos en las fiscalías penales, que es el abuso sexual infantil. Entonces, si hay un problema real, busquemos la solución”, expresó.

La propuesta utiliza cuentos, dibujos, colores y un lenguaje cercano a los niños para explicar cuáles son las partes privadas del cuerpo, cómo reconocer situaciones incómodas y de qué manera pedir ayuda. Uno de los conceptos centrales es enseñarles a identificar los límites personales y comprender que tienen derecho a decir que no.

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En ese sentido, Martínez Hunko explicó que el material utiliza la figura de un semáforo para representar los límites corporales. Hay situaciones que pueden resultar agradables para algunos niños y desagradables para otros, pero existen partes del cuerpo que siempre deben permanecer en rojo: aquellas cubiertas por el traje de baño y la boca.

También remarcó la importancia de enseñarles a los pequeños los nombres correctos de sus partes íntimas. “Si nosotros podemos hablar de todos los temas de una manera amorosa con los niños, también a este tema tenemos que darle la seriedad y la importancia que necesita”, sostuvo.

Otro de los puntos que aborda el libro es la forma escalonada en la que pueden comenzar las situaciones de abuso. Según explicó la profesional, muchas veces el agresor utiliza juegos, cosquillas o acercamientos que parecen inofensivos para generar confianza y avanzar progresivamente. Luego aparece la intimidación y el pedido de guardar silencio.

“Les empiezan a decir que es un secreto de los dos, que si le cuentan a su mamá no les va a creer. Así se empieza a silenciar al niño”, advirtió. Por eso, consideró fundamental que los adultos enseñen que existen secretos buenos y malos y que ningún pedido de silencio debe impedirles contar algo que los hace sentir incómodos o les provoca miedo.


Señales

Durante la entrevista, Martínez Hunko también hizo hincapié en la necesidad de observar los cambios de conducta de los niños. Explicó que quienes atraviesan situaciones de abuso pueden manifestar señales como tristeza prolongada, angustia, agresividad, dificultades escolares, cambios repentinos de comportamiento o resistencia a concurrir a determinados lugares. “Los niños siempre van dejando alguna pista, pero muchas veces los adultos protectores no nos damos cuenta”, señaló.

En ese contexto, explicó que los chicos pueden permanecer en un estado de alerta constante cuando el agresor forma parte de su entorno cercano. Esto repercute en su tranquilidad, sus vínculos y su rendimiento cotidiano.

La abogada también planteó que uno de los principales obstáculos para hablar de estos temas es el temor de las familias a enfrentar una situación que involucra a alguien cercano. A esto se suma la preocupación de abordar la educación sobre el cuerpo desde edades tempranas.

Sin embargo, insistió en que enseñar a reconocer los límites no significa atemorizar ni sexualizar a los niños, sino brindarles herramientas para proteger su integridad. “La vergüenza tiene que estar del lado del agresor y no de la víctima”, enfatizó.


Llegar a los barrios

Martínez Hunko contó que el equipo trabaja desde hace aproximadamente cinco años en el desarrollo de materiales de prevención. Una de las primeras propuestas fue “Superreglas para superniños”, un recurso más extenso, con juegos didácticos, pensado especialmente para personas con discapacidad. El nuevo libro constituye otra alternativa para llegar a distintos públicos y necesidades.

La iniciativa también tuvo proyección internacional. La profesional destacó que el equipo representó a la Argentina en encuentros iberoamericanos y en Colombia, llevando su experiencia de trabajo a otros espacios.

En cuanto al abordaje territorial, el martes pasado visitaron el comedor Los Lagos junto a la directora de Niñez, Adolescencia y Familias, doctora Lourdes Núñez. Allí compartieron la propuesta con niños y padres, en una jornada destinada a generar conciencia y brindar información. El objetivo es recorrer los 18 comedores previstos, con una visita mensual. Además de las charlas, las familias reciben material audiovisual para poder repasar los contenidos y acceder nuevamente a la información.

Durante esos encuentros también surgieron consultas de madres que ya atravesaban situaciones judiciales vinculadas con presuntos abusos dentro del entorno familiar. En esos casos, Martínez Hunko explicó la importancia de conocer los organismos que intervienen y las herramientas disponibles para acompañar a los niños.

En particular, recordó que, además de la fiscalía que investiga el delito, existe la figura del defensor de los derechos del niño, que interviene para representar y proteger sus intereses durante el proceso.

Finalmente, la abogada sostuvo que todavía queda mucho por hacer para enfrentar esta problemática y destacó la necesidad de trabajar articuladamente con las instituciones, las asociaciones y las familias. Las próximas convocatorias serán difundidas a través de las redes sociales del Gobierno provincial. Las charlas son gratuitas y están abiertas a padres, madres, niños y demás integrantes de la comunidad interesados en participar.

La propuesta apunta a instalar una conversación necesaria: que los niños sepan que su cuerpo les pertenece, que pueden hablar sin miedo y que siempre debe haber un adulto dispuesto a escucharlos y protegerlos.