Hay barrios cuya historia no se cuenta únicamente por sus calles o sus viviendas, sino por las personas que los construyeron día tras día. La Católica es uno de ellos. Entre calles de tierra que poco a poco fueron transformándose, familias que llegaron con lo puesto y vecinos que nunca dejaron de tenderse una mano, este rincón de Santiago del Estero fue creciendo hasta convertirse en una comunidad donde el sentido de pertenencia sigue siendo uno de sus principales valores.
Enrique es uno de los vecinos que conoce esa historia de primera mano. Vive en el barrio desde hace más de tres décadas y recuerda que, cuando llegó junto a su esposa, todo era muy distinto. "Era todo precario, había muchos ranchos y las calles eran de tierra", cuenta. Con el esfuerzo cotidiano fueron levantando su casa y formando una familia. Hoy, con orgullo, dice que sus dos hijos son profesionales, fruto del sacrificio y del trabajo constante.
Según relatan los vecinos, el barrio comenzó a poblarse hace casi 40 años, principalmente con familias que llegaban desde el interior de la provincia o desde otros sectores de la ciudad buscando un lugar donde empezar de nuevo. En aquel entonces era común cercar un terreno con ramas e ir construyendo de a poco el hogar propio.
También recuerdan a don Horacio, uno de los primeros pobladores, a quien muchos atribuyen haber bautizado al lugar como "La Católica", en referencia a la cercanía con la Universidad Católica. Su figura permanece en la memoria colectiva como parte de los orígenes del barrio.
Pero si hay un nombre que hoy aparece de manera inevitable cuando se habla de La Católica es el del hermano Christian Vizcardi. Llegado desde Italia hace más de dos décadas como parte de la Obra de la Misericordia, encontró en este barrio el lugar donde desarrollar una misión que transformó la vida de cientos de personas.