Dios me trajo a este continente para servir a un pueblo. Quien ayuda a los pobres, ayuda a Cristo(padre Pedro Fils Pierre)
Un día, estaba por dar misa y su secretaria recibió un llamado al teléfono; cuando se acercó a él, Fils Pierre, sin dejarle decir una palabra, le dijo: “Ya sé qué me vas a decir”. Había fallecido su madre, y pidió que no dijera a nadie para que no trascendiera. “Tenía un don poderoso de que sabía de las cosas o intuía, quizás. Era realmente un don”, relató Lucía “Luci” Ledesma, quien fue su secretaria durante varios años en la Parroquia Cristo Rey. Luego de esa noticia, decidió tomarse unos minutos a solas para rezar y pedir por el descanso de su madre, que había ido a ver en algunos viajes. Pero que era consciente, como sacerdote, de que su misión estaba en Santiago del Estero.
Eso y mucho más era el padre Pierre. Su vida dedicada a ayudar a los demás estaba marcada para siempre, lo que lo inmortalizó en gran parte de la comunidad santiagueña. Su sotana gris, su porte y su vestimenta en el día a día, ya siendo sacerdote, lo definían como tal. El padre Pedro Fils Pierre tenía un fuerte compromiso con su misión sacerdotal; su trabajo evangelizador y su fuerza pastoral lo convirtieron en alguien cercano a muchos.
En estos informes especiales, vamos a recorrer su vida, desde su formación como sacerdote, su gestión como tal en distintas parroquias de Santiago del Estero hasta su fallecimiento, y el legado que dejó. Hasta el momento, con los testimonios que fuimos desandando, conocimos cómo fue su llegada a la primera comunidad como sacerdote, la de Cristo Rey (en ciudad de La Banda), y cómo fue su labor allí. Sobre ello y más detalles que nunca antes se contaron, abordaremos en esta serie de informes, con testimonios de personas que estuvieron cerca de él y que lo conocieron como nadie.
Recapitulación
En 1966 llegó a Santiago del Estero porque fue designado jefe del Departamento de Estudios y Proyectos del Servicio Provincial de Agua Potable en la Corporación del Río Dulce. Este trabajo lo puso en contacto con la gente del interior; la humildad, el sufrimiento y la necesidad de los marginados lo acercaron a su don de ayudar a los demás. Allí, poco a poco, despertaría su vocación sacerdotal. Ya radicado en la provincia, decidió consagrarse al sacerdocio. En 1968 y 1974 desarrolló sus estudios filosóficos y teológicos en el Seminario Conciliar Metropolitano de San Miguel de Tucumán. Y en enero de 1974 fue ordenado por monseñor Manuel Tato en la Catedral Basílica, donde prestó sus primeros servicios.
En 1979 fue designado como párroco de Cristo Rey en la ciudad de La Banda. En 12 años de misión sacerdotal, dotó a la ciudad de un templo de grandes características, un jardín de infantes para niños del barrio (1990) y creó una escuela primaria, transformando el salón parroquial en dos aulas. En 1994 creó el Bachillerato Humanístico.
Una fuerza inquebrantable
“Cuando yo iba a rendir, él me ayudaba y me enseñaba. Por eso, muchas veces yo me destacaba en el día a día, al hablarnos en francés. Hizo mucho por la Parroquia Cristo Rey, luego con la escuela y con el tema de educación. Tenía muchos contactos, vínculos importantes. Anduvo mucho por el interior, tras su trabajo de ingeniero civil en la Corporación Río Dulce. Y cuando decidió dedicarse totalmente a su misión sacerdotal, era un profesional de consulta permanente de ingenieros. Le traían planos, con gráficos y cálculos, y él estaba ahí”, siguió “Luci”. A su vez, enfatizó que “a él no le interesaba el horario si se trataba de ir a ver a un enfermo. Fue capellán de cárceles, de hospitales, ayudaba a todos y sin distinciones”.
El padre Pierre abrazó con pasión el Movimiento Católico de la Renovación Carismática. Precisamente, su carisma lo llevó por el camino de la sanación que poseen las personas que se dedican al ministerio de los enfermos. Su abnegada entrega por ayudar a los que sufren le mereció el respeto y el reconocimiento de miles de fieles. La creación de las Ligas Eucarísticas le permitió a Pierre mantener a los grupos en permanente oración, como un compromiso para toda la vida.
Un hombre que, al responder al llamado de Dios, entregó su vida al servicio de sus hermanos y se olvidó de sí mismo para trabajar incansablemente en una admirable tarea evangelizadora. Predicó y enseñó con el ejemplo, el perdón y la oración. Fue uno de los pilares de la organización del Congreso Eucarístico Nacional en 1994.
Un don y una responsabilidad
“Era una buena persona. No sabía cómo hacer para llegar a más personas, a los que lo necesitaban y a los que necesitaban la palabra de Dios. Se autoexigía en ese camino, pero nunca bajaba los brazos. Porque ese amor que consiguió a través de Dios, ese conocimiento, luchaba para que la gente tenga presente a Dios. Porque existe el bien, existe el mal. Ha luchado por su visión y por el bien de los demás”, definió Héctor Ruiz, que fue presidente de la Junta Parroquial y una de las personas cercanas a Pierre.
“Admiraba mucho su sabiduría de vida, era por su nivel de espiritualidad y su carisma con las personas. Él no se negaba a ayudar a nadie, al contrario, la persona que llegaba en busca de él podía estar tranquila, que encontraba en Pierre un amigo, un ser único. Estaba al servicio de la comunidad”, agregó Ruiz.
Al seguir con su relato, “Luci” recordó cómo era Pierre en la cotidianeidad: “Era simpático, abierto; cuando te tenía que retar, te retaba, pero era un padre dialoguista. Tenía una fuerte presencia, muy seguro de su trabajo y su misión. Y siempre con la frase: ´Vamos para adelante´. Y cuando él estaba, llegaba o pasaba, se notaba porque su perfume era inconfundible, incluso”.
Su poder y convicción
Hoy, al repasar los orígenes del Padre Pedro Fills Pierre, se comprende que su llegada a Santiago del Estero no fue una mera casualidad geográfica, sino el diseño de un plan superior. Aquel niño lejano ya contenía, en la pureza de sus primeros años, al pastor incansable que las comunidades de la provincia adoptarían para siempre como un hijo propio. El recorrido en estos informes a través de estas páginas invita a recorrer, domingo a domingo, la huella imborrable de un hombre que transformó el amor en acción y la fe en un legado eterno.
Saltó a la trascendencia pública e histórica en febrero de 1984, cuando llevó a cabo un exorcismo en la parroquia Cristo Rey que conmocionó a la sociedad santiagueña y aún hoy es recordado. El padre Pierre fue reconocido por su postura cautelosa ante estos fenómenos, exigiendo siempre estudios médicos para descartar problemas nerviosos o clínicos antes de intervenir espiritualmente.
Su impacto en La Banda sigue vigente, dando nombre al Colegio Secundario Presbítero Pedro Fils Pierre, una institución educativa ubicada en la Avenida Belgrano Centro.
Los testimonios siguen y cada vez desvelamos más aristas y fracciones de la vida de Pierre que se encontraban dormidas, olvidadas o incluso, resguardadas y que nunca nadie había tratado de conocer. En informes venideros seguiremos hablando con más personas que estuvieron cerca de él, y que por ello, vivieron momentos que cambiaron su vida y su forma de ver la existencia humana y espiritual, para siempre.
Desde su misión evangelizadora, su lucha inigualable contra el mal en un exorcismo que conmocionó a la provincia y hasta su eterno legado. Todo eso y detalles que nunca antes fueron contados, ni publicados, abordaremos en estos informes. Incluso eso, será poco para conocer y abarcar la figura que significa aún hoy Pierre, desde la mirada de los otros.