La artritis psoriásica es una enfermedad inflamatoria crónica que puede afectar las articulaciones, la columna vertebral y las zonas donde los tendones y ligamentos se unen a los huesos. Su detección representa un desafío debido a que sus síntomas pueden aparecer de manera aislada y confundirse con molestias habituales, lesiones o consecuencias del desgaste físico.

Un dolor persistente en una rodilla, la hinchazón de un dedo, molestias en los talones o un cansancio que no desaparece pueden parecer problemas independientes. Sin embargo, en determinadas circunstancias, estas manifestaciones forman parte de un mismo cuadro y requieren una evaluación médica.

En Argentina se estima que alrededor de 800.000 personas tienen psoriasis. De ese grupo, entre el 10% y el 30% podría desarrollar compromiso articular en algún momento de su vida. Si bien las lesiones en la piel suelen presentarse antes que los problemas en las articulaciones, no siempre ocurre de esa manera: ambos tipos de síntomas pueden aparecer simultáneamente o incluso manifestarse primero en las articulaciones.

Publicidad

Imagen

La importancia de un diagnóstico temprano

La diversidad de síntomas y la posibilidad de que aparezcan en distintos momentos dificultan la identificación de esta enfermedad. Según explicó el Dr. Gustavo Citera, especialista en Reumatología y exjefe de la Sección Reumatología del IREP, el diagnóstico suele demorarse entre dos y tres años en promedio.

Ese tiempo puede tener consecuencias importantes. Cuando la inflamación se mantiene durante períodos prolongados, puede provocar un deterioro progresivo de las articulaciones y generar lesiones estructurales que, en muchos casos, son irreversibles.

Por el contrario, identificar la enfermedad en sus primeras etapas y comenzar un tratamiento adecuado permite disminuir el riesgo de discapacidad, preservar la movilidad y mejorar la calidad de vida.

Cuáles son las señales que deben llamar la atención

Los especialistas recomiendan no pasar por alto determinadas manifestaciones, especialmente cuando se presentan de manera persistente o combinada con antecedentes de psoriasis.

Entre los principales signos de alerta se encuentran el dolor, la rigidez y la inflamación de las articulaciones, así como las molestias en los talones o en la planta de los pies.

También puede aparecer la dactilitis, una inflamación que provoca que un dedo de las manos o de los pies se hinche por completo. A esto se suman los cambios en las uñas, como pequeños hoyuelos, fragilidad o desprendimientos.

Imagen

Otras manifestaciones pueden incluir dolores en el cuello, la zona lumbar o las caderas, además de fatiga persistente y lesiones en la piel características de la psoriasis.

La presencia de uno o varios de estos síntomas no confirma por sí sola el diagnóstico, pero sí constituye un motivo para consultar con un profesional de la salud.

Reconocer las señales y relacionarlas a tiempo puede marcar una diferencia fundamental en la evolución de la artritis psoriásica. La consulta temprana y el seguimiento especializado son herramientas centrales para evitar que la inflamación avance y provoque daños permanentes.