El diseño original muestra el papel sobresaliendo por el lado exterior del rollo, lo que además evita el contacto con la pared y, por ende, con posibles bacterias.
Aunque el tema pueda parecer trivial, este respaldo histórico se convirtió en argumento definitivo para quienes defienden esa posición como la “correcta”.
Más de 130 años después, el invento sigue siendo parte de nuestra vida cotidiana... y de nuestras discusiones más inesperadas.