¿Por qué a ciertas personas les invade una culpa tan intensa cada vez que intentan decir no? No le pasa a todo el mundo de la misma manera, pero hay ciertas estructuras subjetivas donde este rasgo se vuelve una constante insostenible.
Pensemos en escenas cotidianas: les piden un favor que interfiere con su descanso, se les demanda disponibilidad cuando lo único que buscan es resguardo, o se les recarga con tareas ajenas. Por dentro, el rechazo es absoluto; uno quiere negarse. Pero de forma inmediata se activan los pensamientos de tipo persecutorio: "Se va a enojar", "Voy a quedar mal" o "Soy egoísta" y es curioso, porque las personas realmente desconsideradas no sufren esto, pero el sujeto hipercomplaciente vive con terror de serlo. Y así, por ese terror, terminan cediendo y diciendo que sí a costa de su propia tranquilidad.
Ese automatismo culposo no es casual ni responde a un simple defecto de carácter. Tiene que ver con sujetos que han quedado fijados en una posición de objeto para el Otro, donde su propia existencia y su valor parecen depender enteramente de la validación externa. Para ellos, la supervivencia afectiva se tramitó históricamente a través de la complacencia: aprendieron tempranamente que estar a disposición era la única garantía para mantener el lazo.
Por eso, en la vida adulta, poner un límite no es simplemente rechazar un pedido; se experimenta como una transgresión peligrosa que pone en riesgo los cimientos mismos de su identidad. Viven los vínculos bajo la amenaza fantasmática de que, si no complacen, el afecto se retira o el vínculo se desploma. Prefieren entonces la operatoria del silenciamiento del deseo, la acumulación de malestar, el vaciamiento propio, antes que tolerar la angustia de la culpa.
Sostener un límite implica, para estas personas, atravesar esa incomodidad radical y aceptar que desobedecer el mandato de disponibilidad genera un costo anímico. Pero es el único posicionamiento posible para dejar de traicionarse a uno mismo en beneficio del Otro.
Sobre la autora
Paula Cussa Litvak es licenciada en Psicología (MP 956) y egresada de la Universidad Nacional de Córdoba, con una sólida formación en el marco del psicoanálisis. Su práctica clínica se centra en el acompañamiento a jóvenes y adultos, brindando un espacio orientado a abordar los desafíos de la subjetividad contemporánea y las problemáticas vinculares actuales.
Actualmente, se encuentra finalizando un posgrado en Sexología y Problemáticas Vinculares, lo cual le permite integrar herramientas específicas para el abordaje de la sexualidad y las dinámicas relacionales con un enfoque psicoanalítico.
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