En las últimas columnas hablamos de garantías, de tarjetas de crédito y de los derechos que tenemos cuando compramos por internet. Esta semana toca cerrar el círculo con el lado oscuro de todo eso, porque nos encontramos celebrando hasta el 4 de noviembre y con posibilidad de extenderse por unos días más el Cyber Monday en Argentina.

Desde hace días, nuestras casillas de correo, el WhatsApp y las redes se llenan de "Ya llega el Cyber Monday", "Aprovechá el Cyber Monday hasta 50%, 70% y hasta 80% off", "Empezó el Cyber Monday", entre otros. En ese aluvión, distinguir el mensaje verdadero del anzuelo se vuelve cada vez más difícil.

En esta columna quiero contarles que en estos eventos masivos, el mayor riesgo no suele ser que el producto llegue roto, sino que nunca haya existido y que, de paso, nos vacíen la cuenta bancaria.

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Cómo funciona el anzuelo

Los estafadores no inventan nada nuevo en el CyberMonday; simplemente aprovechan que estamos esperando correos de ofertas, confirmaciones de compra y avisos de envío. Las modalidades más frecuentes son estas:

  • El correo o SMS clonado. Copia el logo y los colores de una marca o de un banco y nos lleva, con un enlace, a una página idéntica a la real. Ahí cargamos usuario, clave, datos de la tarjeta o el código que nos llega por mensaje. Es el clásico caso de phishing.
  • La tienda falsa. Son sitios creados para la ocasión, con precios irrisorios, que se promocionan en redes sociales con publicidad paga. Cobran y desaparecen.
  • El falso empleado del banco. Después de una compra, o de un reclamo hecho en redes, alguien llama o escribe "desde el área de seguridad" para "frenar un movimiento sospechoso" o "resolver un reclamo". Pide el código de verificación o nos guía hasta el cajero o el home banking para "anular" una operación. En realidad, estamos generando una transferencia o un préstamo a su favor.
  • El link de pago o el "reintegro". Mensajes que prometen devolvernos dinero por una compra fallida y nos piden que ingresemos a un enlace o que escaneemos un código QR.
  • El aviso del correo. "Tu paquete está retenido, abona $1.500 para liberarlo". El pago es mínimo, pero lo que se roban son los datos de la tarjeta.
El denominador común es la urgencia. Todas estas maniobras buscan que actuemos rápido, antes de pensar. Y casi todas terminan igual: nosotros mismos entregamos una clave, un código o una autorización.

¿Y quién es el responsable?

La pregunta que todos se hacen cuando descubren el fraude es si el banco tiene que devolver la plata. La respuesta va a depender de si la entidad financiera cumplió o no con el deber de seguridad a su cargo. Por lo que no conviene resignarse de entrada.

Comprar seguro no es solo una responsabilidad del consumidor. Los bancos, las billeteras virtuales y las plataformas tienen la obligación legal de proteger a sus usuarios y, cuando fallan, deben responder. Nuestra parte es estar atentos, desconfiar del apuro y, si algo sale mal, saber que la ley está de nuestro lado.

Consumidores hipervulnerables: adultos mayores

A diferencia de lo que ocurre con los nativos digitales, los adultos mayores tuvieron que adaptarse a los cambios disruptivos que propuso la tecnología; entonces, la brecha digital respecto de las generaciones más jóvenes los ubica en una situación abiertamente desfavorable.

Los adultos mayores que no están familiarizados con las tecnologías enfrentan mayor riesgo de ser víctimas de estafas virtuales (phishing, vishing, suplantación de identidad, entre otras modalidades). Las razones por las cuales son objeto de fraude son porque 1) confían en la palabra, por ello son propensos a las estafas que se originan en un hackeo de WhatsApp; 2) provienen de una generación donde los negocios habitualmente se cerraban con un apretón de manos; 3) crisis económica al acceder a supuestos beneficios por su condición de adulto mayor; 4) falta de habilidades tecnológicas; 5) vergüenza al requerir ayuda, entre otros factores.

La gran cantidad de horas por día que se encuentran navegando por internet los expone a riesgos digitales, por ejemplo, al ingreso remoto a dispositivos por medio de aplicaciones como Supremo/Scandisk/TeamViewer. Esta modalidad vulnera el dispositivo al cual se accede y se controla remotamente luego de haber aplicado sobre la víctima acciones de ingeniería social como el phishing, ofertas en plataformas y redes sociales, simulando ser organismos públicos o privados. De esta forma, el delincuente accede y efectúa movimientos sobre las aplicaciones bancarias de la víctima, apoderándose de su dinero y sacando préstamos en su nombre, fugando el dinero a distintas cuentas.

El análisis de las estafas en personas adultas mayores debe enmarcarse en el concepto de hipervulnerabilidad reconocido por la legislación. Mediante la Disposición n.º 137/2024 de la Subsecretaría de Defensa del Consumidor y Lealtad Comercial (la "Disposición 137/2024"), publicada en el Boletín Oficial de la Nación el día 30/05/2024.

La sociedad digital avanza a una velocidad vertiginosa. Si bien esto ofrece beneficios innegables, también ha creado una epidemia silenciosa de soledad no deseada entre las personas mayores, intensificada por el miedo al uso de las tecnologías y la desconfianza en los entornos digitales.

Finalmente, la mejor defensa sigue siendo la prevención, por lo que los invito a consultar las columnas anteriores para repasar uno por uno los consejos para comprar por internet de manera segura.

Por Luciana Montinho

Abogada y especialista en Derecho de Consumo

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