La renuncia de Santiago Peña a la Presidencia de Paraguay abrió una nueva etapa política en el país vecino y colocó a Pedro Alliana como principal protagonista del proceso de sucesión. El actual vicepresidente es quien debería ocupar el máximo cargo del Ejecutivo para completar el período de gobierno hasta agosto de 2028.
Conocido popularmente como “Mangui”, Alliana es uno de los dirigentes más influyentes de la Asociación Nacional Republicana (ANR), también conocida como Partido Colorado, una de las fuerzas políticas tradicionales de Paraguay.
Nació el 19 de febrero de 1974 en Pilar, capital del departamento de Ñeembucú. Antes de dedicarse de lleno a la actividad política, desarrolló tareas en el ámbito comercial. Su carrera institucional comenzó a consolidarse en 2008, cuando fue elegido gobernador de su departamento, función que desempeñó hasta 2012.
En 2013 dio otro paso importante al ingresar a la Cámara de Diputados como representante de Ñeembucú. Posteriormente consiguió renovar su banca en 2018 y llegó a ocupar la presidencia de la Cámara Baja en distintos períodos, entre 2019 y 2022.
Su crecimiento dentro del Partido Colorado
La influencia de Alliana dentro del oficialismo paraguayo aumentó considerablemente en julio de 2015, cuando asumió la conducción de la Junta de Gobierno de la ANR. Permaneció al frente de la estructura partidaria hasta enero de 2023.
Durante esa etapa fortaleció su relación con el movimiento Honor Colorado, encabezado por el expresidente Horacio Cartes, quien conserva un importante peso en las decisiones internas del partido.
Ese vínculo fue clave para su consolidación política y lo posicionó como uno de los referentes de mayor confianza del exmandatario paraguayo.
De la Vicepresidencia a la primera magistratura
En las elecciones generales del 30 de abril de 2023, Pedro Alliana integró la fórmula presidencial junto a Santiago Peña. La dupla se impuso en los comicios y asumió sus respectivas funciones el 15 de agosto de ese mismo año.
Desde la Vicepresidencia, Alliana tuvo participación en las negociaciones entre el Poder Ejecutivo y el Congreso, además de mantener su protagonismo dentro de la estructura política que respaldó la gestión de Peña.
Ahora, tras la renuncia del presidente, su nombre quedó en el centro de la escena nacional. De concretarse su asunción, tendrá la responsabilidad de conducir Paraguay hasta agosto de 2028.
El desafío llegará en un momento especialmente complejo, atravesado por las dificultades financieras vinculadas a Ueno Bank, las tensiones internas del Partido Colorado y la incertidumbre institucional que generó la salida de Peña.
De esta manera, el dirigente que construyó su carrera desde la política departamental y luego ganó influencia en el ámbito nacional podría convertirse en el próximo presidente paraguayo.

















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