Este 10 de octubre, en el marco del Día Mundial de la Salud Mental, la OMS propone el lema “Escuchemos a las personas con experiencia vivida: voces reales, cambio real”. La campaña invita a reconocer el valor de quienes han atravesado experiencias relacionadas con la salud mental y a dar lugar a sus voces en las decisiones y los servicios que afectan sus vidas.

Este día nos lleva a preguntarnos: ¿en qué momento decidimos ocuparnos de nuestra salud mental?

La tendencia es esperar. Esperamos a que la ansiedad empiece a interferir en nuestra vida cotidiana, a que comencemos a tener dificultades para dormir, a que una relación nos duela demasiado, a que el cuerpo empiece a expresar aquello que no estamos pudiendo poner en palabras o a que dejemos de disfrutar cosas que antes disfrutábamos.

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Cuidar nuestra salud mental no debería ser una respuesta únicamente frente a una crisis. También implica detenernos cuando algo empieza a incomodarnos, reconocer que algo cambió en nosotros y preguntarnos qué nos está pasando. No hace falta atravesar un padecimiento para consultar a un profesional de la salud mental.

La psicoterapia nos brinda un espacio seguro para explorar lo que nos sucede, elaborar pérdidas, revisar nuestros vínculos y reconocer aquello que se repite o nos genera malestar, incluso cuando todavía no pudimos darle un sentido.

Reconocer que necesitamos ayuda no significa haber fracasado. También puede ser una forma de hacernos cargo de nosotros mismos y abrir un abanico de posibilidades para relacionarnos de otra manera con aquello que nos sucede.

Algunas situaciones requieren distintas miradas profesionales. Psicología, psiquiatría, medicina, trabajo social, terapia ocupacional y otras disciplinas pueden intervenir de manera articulada cuando las necesidades de una persona así lo requieren. El trabajo interdisciplinario permite integrar distintas perspectivas y evitar que una realidad compleja quede reducida a una única mirada.

Cada consulta trae una historia particular: nuestra manera de vincularnos, lo que hemos vivido, los recursos con los que contamos y aquello que, en determinado momento, empieza a pesarnos más de lo habitual.

Por eso, en este Día Mundial de la Salud Mental, quizás la pregunta no sea cuánto más podemos esperar, sino cuánto de nosotros mismos dejamos para después.