Por Paula Cussa Litvak
Licenciada en Psicología
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Hay una tendencia contemporánea casi automática a rotular como trastorno de ansiedad cualquier momento de impaciencia y nerviosismo.
Vivimos en una época que no tolera la fricción, donde los nervios o la incomodidad cotidiana se interpretan de inmediato como una señal de que algo funciona mal, de que estamos rotos o de que necesitamos una intervención urgente para neutralizar la sensación.
Sin embargo, esa ansiedad que tanto incomoda no es necesariamente un error que deba eliminarse. Muchas veces funciona de un modo muy distinto: es el registro de la espera. Es esa tensión inevitable que surge cuando hay un tiempo por recorrer, cuando un proyecto se está gestando, cuando esperamos una respuesta o cuando nos enfrentamos a lo nuevo sin garantías previas. No es algo a erradicar, sino la constatación de que estamos a la intemperie de los tiempos lógicos de la vida. El verdadero desafío no pasa por callarla o suprimirla de inmediato, sino por aprender a habitarla, tolerando el peso de ese tiempo sin apurar compulsivamente las cosas para aliviar el síntoma.
Para entender esto, resulta necesario trazar una línea precisa. Por un lado, está el trastorno de ansiedad, ese estado donde el sufrimiento paraliza, desborda los recursos subjetivos de una persona y requiere un abordaje clínico. Por el otro, está esa otra ansiedad que simplemente molesta porque intentamos evitar cualquier matiz displacentero.
Vivir implica transitar incertidumbres y atravesar momentos de opacidad. Rechazar ese malestar por el simple hecho de querer controlarlo todo suele generar, paradójicamente, mucho más conflicto que la ansiedad misma. La pregunta que queda flotando, entonces, es qué hacemos con eso que sentimos. En lugar de correr a anularlo a la primera señal de incomodidad, tal vez el ejercicio sea detenernos a escuchar qué tiempo de espera nos está pidiendo transitar.
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Sobre la autora
Paula Cussa Litvak, licenciada en Psicología (MP 956), egresada de la Universidad Nacional de Córdoba, con una sólida formación en el marco del psicoanálisis. Mi práctica clínica se centra en el acompañamiento a jóvenes y adultos, brindando un espacio orientado a abordar los desafíos de la subjetividad contemporánea y las problemáticas vinculares actuales.
Actualmente, me encuentro finalizando un posgrado en Sexología y Problemáticas Vinculares, lo cual me permite integrar herramientas específicas para el abordaje de la sexualidad y las dinámicas relacionales con un enfoque psicoanalítico.
Contacto
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