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Opinión

River empató en la altura y dejó una señal: un punto que también enseña

Un punto que incomoda en los números, pero que invita a mirar más allá del resultado. La noche en Bolivia expuso a un River obligado a reinventarse y a responder en un contexto adverso.

Daniel Sandoval

Por Daniel Sandoval

River debutó en la Copa Sudamericana con un empate 1-1 ante Blooming en Bolivia, por la primera fecha del Grupo H. Un resultado que, en la previa, parecía quedar corto si se miraba desde la comodidad del sillón y con el envión de cuatro partidos positivos bajo el mando de Eduardo Coudet en el Torneo Apertura. Pero el fútbol —y más aún en la altura— rara vez responde a la lógica previa.

El contexto invitaba a suponer un triunfo. River venía en alza, había ganado el fin de semana y enfrentaba a un rival que, en los papeles, aparecía accesible. Sin embargo, el desarrollo del partido obligó a recalcular todo desde muy temprano.

La expulsión de Martínez Quarta, en una jugada que dejó más dudas que certezas por lo prematuro de la decisión arbitral, cambió por completo el escenario. La infracción, bajo el reglamento, puede interpretarse como último hombre, pero el momento del partido abre el debate: ¿era para roja tan rápido? Más allá de eso, River quedó condicionado y obligado a jugar otro partido dentro del mismo.

Con un hombre menos y en la altura, el equipo tuvo que duplicar esfuerzos físicos y mentales. Allí apareció el primer gran examen para Coudet, que rápidamente metió mano: rearmó la defensa con el ingreso de Pezzella, que volvía tras una lesión, y reorganizó el equipo para resistir sin perder orden.

En ese nuevo esquema, el rol de los volantes centrales fue determinante. Fausto Vera y Aníbal Moreno entendieron el partido, le dieron equilibrio al equipo y permitieron que River no se partiera. “Corramos bien para sufrir menos” pareció ser la consigna implícita de un equipo que empezó a jugar con inteligencia.

A pesar del contexto adverso, River encontró el gol a través de Driussi y, por momentos, mostró una versión conocida: efectiva, combativa, con carácter. Pero el desgaste era inevitable. En el segundo tiempo, el equipo sintió el esfuerzo y Blooming, empujado por el contexto y la superioridad numérica, terminó encontrando el empate.

El partido tuvo dos caras bien marcadas: un River que resistió con personalidad en el primer tiempo y otro que, ya más cansado, cedió terreno en el complemento. Era lógico. Jugar con uno menos en la altura no es solo una desventaja táctica, sino también física.

Entonces aparece la pregunta clave: ¿sirve el empate? La respuesta es sí. Y mucho más de lo que indica la tabla.

Sirve para entender cómo responde el equipo en situaciones límite. Sirve para ver la reacción de Coudet ante la adversidad. Y, sobre todo, sirve para que el plantel tome dimensión de que en la Sudamericana el margen de error es mínimo: solo uno clasifica directo y cualquier punto que se escape obliga a recuperar terreno rápidamente.

Ahora, el calendario no da respiro. River deberá recibir a Carabobo de Venezuela con la obligación de ganar y, si es posible, hacerlo con contundencia. En el medio, tendrá un compromiso por el torneo local ante Racing y, en el horizonte cercano, asoma el Superclásico frente a Boca.

En ese contexto, este empate en Bolivia deja una conclusión clara: no fue el resultado ideal, pero sí uno necesario. Un punto que no solo suma, sino que también expone, ajusta y prepara.

Para Coudet, en su rol de “bombero” en una situación compleja, el balance es positivo. River no ganó, pero dio una respuesta. Y a veces, en escenarios adversos, eso también cuenta.

River Plate Copa Sudamericana
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